2/18/2012

Por un cambio de paradigma (19F)

Ciudadan@, vecin@, compa:

Volvemos a la calle. Otra vez. Para defender nuestro trabajo, nuestros derechos, nuestras casas, nuestra dignidad. Volvemos a la calle para no quedarnos definitivamente en ella, para denunciar a los expoliadores antisistema que trafican con nuestras vidas, para poder decir mañana a nuestrxs hijxs: “vi lo que estaba pasando, y actué”. Pero: ¿somos plenamente conscientes de TODO lo que está pasando? ¿En Grecia? ¿En El Cairo o Damasco? ¿En pleno corazón del Imperio y en nuestras propias calles? Y sobre todo, ¿está nuestra actuación a la altura de las exigencias que se nos plantean?

Hace casi un lustro que comenzó oficialmente la llamada “crisis” que ha justificado tantos recortes y reformas. Cada nueva medida, cada nuevo ajuste y limitación de derechos no ha servido más que para hundirnos cada vez más en el lodo de aquellos polvos. Por todas partes surgen evidencias de que el sistema ha colapsado. Todos sabíamos que lo haría y solo confiábamos en que lo hiciese un poco más tarde, que nos pillase fuera, que pasase algo. ALGO se le ocurriría al Gobierno, ALGO harían los Sindicatos, ALGO inventarían los Mercados.

El colapso del sistema arrastra consigo a las instituciones que lo vertebran y que se han consolidado en base a su lógica. Finalmente, estas instituciones no buscan sino preservar su propio lugar preservando aquel sistema que se lo asigna. La aceptación de las reglas del sistema supone la interiorización de sus dinámicas, la asunción de sus valores, la aceptación de sus jerarquías: un distanciamiento cada vez mayor entre el representante y el contenido representado, una mentira. Nos negocian, nos ponen precio, finalmente nos venden.

Sin saber lo que valemos. Hace casi un año aceptamos salir a las calles como personas indiferenciadas. Cada cual acudimos con nuestra condición sexual, encuadramiento, religión, ideología y militancia con la intención y el deseo de mezclarnos en un solo grito, en aquel inmenso grito silencioso que quedará para siempre como un símbolo de empatía y de respeto, como un momento cumbre de la civilización. Aquel día nos hicimos adultos, supimos que éramos capaces de controlar nuestro destino.

Hoy no luchamos por un triste convenio, ni por una simple “reforma”, ni por una reivindicación sectorial; no defendemos nuestro pequeño espacio ni encontramos nuestro espacio en ningún tipo de negociación: marchamos juntxs contra un Proyecto Global que condena al 99% de los habitantes del globo. Puedes colocarte a la derecha, a la izquierda o mucho más a la izquierda, pero no puedes elegir estar arriba o abajo. Somos lxs de abajo contra los de arriba. Personas de ideologías y culturas diversas se reconocen en una misma sinergia y discuten sus propuestas en foros horizontales. Estamos en medio de un ciclo histórico que necesariamente ha de cambiar nuestra percepción del mundo, nuestras relaciones, nuestras formas de organización a todos los niveles.

Hoy es el Presente después del No Futuro. No son las Rebajas, es la Liquidación Final. Estamos todxs vendidxs y ningunx a salvo. Cuando el Poder renuncia a sus atribuciones es el momento de tomar el poder.

Sabemos, podemos, queremos ocuparnos de nuestros asuntos sin intermediarios ni representantes. Vamos a abrazar la vida. No hay derrota inútil: la historia avanza y somos la fuerza que la hace avanzar.

Individuos Colectivos, Multitudes Inteligentes
POR LA HUELGA GENERAL SALVAJE Y CIUDADANA
SIN líderes, SIN figurines, SIN trampa
POR EL CAMBIO DE PARADIGMA

NI Partidos NI Sindicados, 19F12

2/05/2012

Cine/Situación




La Comuna (París 1871), rodada por Peter Watkins en 1999, no es una ficción porque recrea con lujo de detalles uno de los hechos históricos más violentos y trascendentales de la historia moderna basándose en documentos y testimonios de la época, a través de una estructura y unos recursos expresivos propios del cine documental. Pero no es un documental porque, ante la imposibilidad de hacer comparecer a sus protagonistas, estos hechos son escenificados por actores, a la manera de otras películas de ficción documental como Camino a Guantánamo. Dura casi seis horas, así que puedes verla por partes como si se tratase de una serie, pero lo adecuado es sumergirse en sus largos planos secuencia, seguir el torrente de la acción como si formases parte de ella durante todo el metraje, lo que la convierte en una experiencia profunda e inolvidable, un Gran Relato.

No son éstas las únicas particularidades que presenta la película. A pesar de tratarse en cierto modo de una “superproducción”, tanto por su formato como por la dimensión épica de los hechos que narra, su presupuesto es bastante menor de lo acostumbrado en el cine. Se rodó en apenas dos semanas en un decorado construido sobre una antigua fábrica okupada, en su mayor parte con intérpretes no profesionales o precarios comprometidos en esa lucha. En ocasiones los actores son interpelados para que expresen sus sentimientos hacia el personaje o la escena que están viviendo, o para que la relacionen con la situación y las luchas del presente. Se trata de recrear una atmósfera, de una especie de invocación.

Los medios de comunicación de masas se introducen en la historia como un anacronismo, marcando además la forma de exposición de los hechos, acercándola al modo virtual en que hoy percibimos el conflicto a través del contraste entre las versiones de la televisión nacional de Versalles y de la televisión comunal de París. De esta forma nos invita a reflexionar sobre el papel de los medios en la construcción de la realidad y sobre el uso que hacemos de ellos. 

Es cierto que todo ello condiciona una representación un tanto teatral, pero precisamente esta distancia impide la identificación y abre campos a la reflexión, lo que supone un valor positivo en un cine que no pretende ocultar su trama. 

Todos estos rasgos combinados y conjugados de forma coherente hacen que, más que una película, La Comuna sea la "construcción de una situación", un intento de promover y suscitar acontecimientos vivos. Reinaldo Ladagga la cita como uno de los ejemplos que responden a su formulación de una estética emergente: unitaria, coral y vinculada a los problemas sociales.

2/02/2012

Ofertas de empleo

Los parados no tienen identidad ni clase. Tienen una condición. Aunque en las actuales circunstancias esta condición puede hacerse crónica en determinados sectores, normalmente la percibimos como una situación transitoria que además puede afectar en cualquier momento a quienes están empleados, muchas veces en un sector que no corresponde a su formación ni a sus deseos, muchas otras en situación de explotación, con contratos temporales, contratos por obra o contratos basura.

La condición de parado debe asumirse con algún tipo de conciencia. La conciencia de quien ha pasado alguna vez por una situación que le ha obligado a reflexionar no ya sobre sus circunstancias personales, sino sobre la trama del mercado de trabajo, sobre la organización de la producción, sobre la distribución de las riquezas: conciencia de la injusticia social, extensiva a quienes se encuentran en situación de parados potenciales. Esta conciencia tiene que batirse con cuestiones tales como: ¿cómo sobrevivir en circunstancias de excepción, cuando no existe fuente alguna de ingresos y el estado no aporta ninguna garantía? ¿cómo procurarse el alimento, la educación de los hijos, la estabilidad familiar, el refugio? ¿qué puedes hacer con tus manos, tu tiempo, tu genio, tu formación, tu experiencia, tu imaginación y tus ganas de vivir cuando has sido desahuciado del sistema?

Los parados constituyen ya una fuerza social considerable, un negocio en crecimiento y con enormes perspectivas. Tienen mucho que hacer porque tienen qué ofrecer. Vivimos un proceso de transformación social donde el parado y el parado potencial son los protagonistas. ¿Cómo “emplear” esta fuerza? Si el sistema no puede hacerlo es que habrá fracasado y se impone la búsqueda y construcción de alternativas. No hay que esperar que el cambio social se produzca desde arriba. La gran empresa de reconstrucción del mundo necesita personal que cubra diversas plazas. He aquí algunas ofertas:

  • Se buscan publicistas, diseñadores y artistas para hacer visible en la calle nuestra problemática. No hace falta que estas acciones sean masivas ni que consistan en demostraciones de fuerza. Los sindicatos tienen poco interés en esta empresa. Quizá resulte más efectivo organizarse en piquetes de acción molecular que ejerzan una presión de baja intensidad, pero constante y viral. Se valorará cierta experiencia en el desvío de los recursos expresivos del sistema y en la construcción de situaciones. 
  • Se precisa personal técnico (programadores, hackers, usuarios de redes sociales) para llevar estas acciones a la red. En este medio, así como en los medios alternativos clásicos (radios libres, fanzines, circuitos locales de televisión, etc.) necesitamos también seguir construyendo y ahondando en las redes de contrainformación. Se buscan periodistas, comunicadores y tertulianos de barra para “desprogramar” el mainstream
  • Filósofos, humanistas y licenciados en general, víctimas de la descomposición de su cultura, difícilmente encontrarán una ocupación tan apasionante como la crítica radical del viejo mundo. Esta crítica dejará de hacerse desde el exterior, desde posturas elevadas, para implicarse de forma práctica en la construcción social alternativa. Al lado de las imágenes y las consignas, su función será viralizar argumentos de peso y darles una forma accesible a las masas. El ensayo y el debate serán, contra el discurso y la doctrina, las formas propias de la nueva cultura. 
  • Diversas plazas en el departamento de economía para diseñar y poner en práctica nuevos modelos de gestión y de consumo adaptados a la situación del parado crónico. Formas de interacción donde no prime el dinero, cajas de resistencia, bancos de tiempo, redes asistenciales capaces de llenar el vacío al que nos condena la estructura piramidal, aunque ello implique la práctica de la desobediencia. 
  • Cuadrillas de constructores, fontaneros, electricistas, decoradores de interiores etc. para la reapropiación y rehabilitación de edificios. Jardineros, agricultores y biólogos para el cultivo de huertos urbanos en solares vacíos. Maestros, educadores e instructores capaces de levantar una escuela libre e integradora que no dependa de las necesidades del sistema. Sanitarios, ingenieros, jornaleros para....

La fuerza de trabajo orientada de un modo creativo puede cambiar la cara a una sociedad insolidaria y competitiva. Para ello es imprescindible la asociación de esfuerzos: la formación de pequeñas células de parad@s que den sentido a la acción y la convicción de que trabajamos junt@s en una gran empresa de transformación de la realidad.



(Este post presenta como ironía la especialización consumada de los oficios. Sabemos que ni la formación ni la experiencia avalan el conocimiento en un mundo marcado por los intereses del capital y en constante cambio. Por otra parte, la situación del mercado laboral impide cualquier tipo de "identidad profesional" y nos obliga a proyectarnos sobre actividades diversas.)