6/28/2012

Escribir & beber

Nos sentamos a escribir. Y solo después de haber abierto un nuevo documento en nuestro procesador de texto abriremos la lata.

Escribir: no tiene más historia. Se trata de articular pensamientos mediante frases bien construidas. Es cuestión de gramática, puedes darte cierta pericia y rellenar fluidamente páginas y megas con cosas que otros han dicho o han vivido. Puedes también hablar durante horas, ayudándote con gestos, sobre esquemas previos, sobre opiniones enfrentadas, sobre verdades eternas. Puedes citar, matizar, correr por el currículum como por un espacio material alternando sujetos y predicados. Lo jodido es dar el salto para intentar plasmar por escrito una experiencia que sea propia y no un simple reciclaje de las determinaciones culturales. Lo difícil es resultar significativos, desviar de alguna forma el cuadro que simplemente contemplamos. Y encontrar por el camino la flor azul y esconder una perla en la hojarasca de veinte otoños.

Beber: el alcohol dispara la conversación. De repente todos se vuelven brillantes, ocurrentes, dignos. Han caído las barreras que les impiden desnudarse y exhiben sin pudor al genio que llevan dentro. Al abrir la lata, hablo de esas latas alargadas, se destapa la esencia que abre las puertas y desordena la casa hasta dar con ese trapo sucio, ese jodido trapo olvidado durante siglos por todos. Muchos escritores beben, sobre todo los buenos para justificarse, pero también lo hacen los malos pues han aprendido que los mejores bebían aún más.

"Del escaso número de cosas que me han gustado y he sabido hacer bien, lo que seguramente he sabido hacer mejor es beber", afirmaba Guy Debord (Panegírico) con la arrogancia de los malditos. "He escrito mucho menos que la mayoría de la gente que escribe, pero he bebido mucho más que la mayoría de la gente que bebe", lo cual no exhime a su escritura de la lucidez más dolorosa ni del más tenso equilibrio. No es el único que componía iluminado por sus borracheras. Creo que existe un reino sin pecado original donde se puede parir sin dolor y pensar sin miedo más allá de la oscuridad, un reino que exploramos a tientas, dando tumbos, con la mirada hacia dentro.

Escribir no es ningún placer, el placer reside en haber escrito. Hay que encender una cerilla. Abrimos una lata que ya está vacía en potencia, brevemente, mientras un párrafo se resiste a cerrarse. Y nos retiramos vencidos, descubriendo tras el placer de beber la agonía de haber bebido.


6/25/2012

No había futuro

Cuanto más dura un silencio, más duro se hace, como el pan de varios días que ya no se deja comer. Cada cosa no dicha es una razón para no decir nada más. No nos han echado de menos. Y no esperas ser necesario, pero sí a tener algo que decir. Cuando atraviesas los días sin que te sobre nada, sin esa plusvalía material o afectiva que te permite cuestionar lo que estás haciendo, sin tiempo para el espacio... has caído en una crisis creativa. O andas metido en problemas que no interesan a nadie. No hay nada peor para quien no tiene nada más que a sí misma.

Quizá se ha agotado el modelo, y nosotras dos con él. ¿Recuerdas que no había futuro? Habíamos perdido la fe en el mundo real como en un texto mal fundamentado, un chiste sin gracia. Habíamos perdido de antemano una partida que nos negábamos a jugar, y hablo de los tiempos en que todo el mundo quería infiltrarse. Por eso empezamos con este proyecto: un proyecto de nada, gracias por todo. Solo para decir que ya lo dijimos. Una forma de mantener la lucidez en medio de la caída sin más convicción que la desesperación realizada.

"Un blog personal", aunque las personalidades estén hoy diluidas y aunque esa persona no exista más que como ficción que reproduce irónicamente lo que llamaban estilo. Una visión negativa y desolada hasta un punto que resultaría insostenible en la “vida real”, esa que se nos escapa. Aunque la ficción se apodera de la realidad, la vampiriza y la reconstruye.

¿Quién no ha soñado desde su blog, el que no compartes con tus compañeros de trabajo, trascender los planos maestros de esa vida, manipular el código fuente para acceder a una dimensión plástica, modelable, donde los sentidos no sufren ni soportan porque son instrumentos del deseo? Compartir los sueños es el único camino para realizarlos. (No es seguro, se sabe de civilizaciones enteras que perecieron y de especies extinguidas.)

Compartimos una pesadilla. A punto de despertar.