2/05/2012

Cine/Situación




La Comuna (París 1871), rodada por Peter Watkins en 1999, no es una ficción porque recrea con lujo de detalles uno de los hechos históricos más violentos y trascendentales de la historia moderna basándose en documentos y testimonios de la época, a través de una estructura y unos recursos expresivos propios del cine documental. Pero no es un documental porque, ante la imposibilidad de hacer comparecer a sus protagonistas, estos hechos son escenificados por actores, a la manera de otras películas de ficción documental como Camino a Guantánamo. Dura casi seis horas, así que puedes verla por partes como si se tratase de una serie, pero lo adecuado es sumergirse en sus largos planos secuencia, seguir el torrente de la acción como si formases parte de ella durante todo el metraje, lo que la convierte en una experiencia profunda e inolvidable, un Gran Relato.

No son éstas las únicas particularidades que presenta la película. A pesar de tratarse en cierto modo de una “superproducción”, tanto por su formato como por la dimensión épica de los hechos que narra, su presupuesto es bastante menor de lo acostumbrado en el cine. Se rodó en apenas dos semanas en un decorado construido sobre una antigua fábrica okupada, en su mayor parte con intérpretes no profesionales o precarios comprometidos en esa lucha. En ocasiones los actores son interpelados para que expresen sus sentimientos hacia el personaje o la escena que están viviendo, o para que la relacionen con la situación y las luchas del presente. Se trata de recrear una atmósfera, de una especie de invocación.

Los medios de comunicación de masas se introducen en la historia como un anacronismo, marcando además la forma de exposición de los hechos, acercándola al modo virtual en que hoy percibimos el conflicto a través del contraste entre las versiones de la televisión nacional de Versalles y de la televisión comunal de París. De esta forma nos invita a reflexionar sobre el papel de los medios en la construcción de la realidad y sobre el uso que hacemos de ellos. 

Es cierto que todo ello condiciona una representación un tanto teatral, pero precisamente esta distancia impide la identificación y abre campos a la reflexión, lo que supone un valor positivo en un cine que no pretende ocultar su trama. 

Todos estos rasgos combinados y conjugados de forma coherente hacen que, más que una película, La Comuna sea la "construcción de una situación", un intento de promover y suscitar acontecimientos vivos. Reinaldo Ladagga la cita como uno de los ejemplos que responden a su formulación de una estética emergente: unitaria, coral y vinculada a los problemas sociales.

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