5/19/2011

Se acabó la representación


La campaña electoral ha pasado a un segundo plano. Es cierto que que no estamos (aún) inmersos en un proceso revolucionario: "spanish revolution" es solo un eslogan a la americana y lo que está ocurriendo es parte de un desarrollo global. Ni siquiera puede hablarse de revueltas, pese a que el "desgobierno" ha sido declarado. Pero por primera vez desde que ejercemos la abstención activa (desde la estafa del referéndum sobre la OTAN, loca) las machaconas arengas de los políticos de todo signo han sido sofocadas por la voz ciudadana y se ha hecho valer lo que significa ese 50% de los que, por ser fieles a algo, cultivábamos la derrota.

"Lo llaman democracia y no lo es", "No nos representan", "Esta crisis no la pagamos"... Si éste es el contenido de la protesta expresado en consignas nada nuevo luce en Sol estos días. Son ecos de otras luchas, de otros modos, de otros días, pero si entonces sonaban como lamentos hoy resuenan con una autoridad capaz de lanzar un órdago a los tramoyistas del espectáculo, sus bocazas y sus maderos. Esto sí supone un avance, incluso para un maldito resignado que ha pasado la vida ladrando su odio por las esquinas.

¿Han sido las redes determinantes? Sí, en la medida en que estos movimientos se adecúan al nuevo campo de construcción del sentido y a sus dinámicas (falsamente transparentes), o sea en la medida en que las redes determinan un nuevo campo. Este campo no es neutral y bastante retorcido, pero es capaz de imprimir una velocidad a los acontecimientos que desborda la previsión de los propios agentes. A veces: un twitt suele alcanzar el mismo destino que una lágrima en la lluvia. Lo que no pueden determinar las redes es el resultado de todo ello. ¿Producen las redes libertad? No en sí mismas, hay que ocuparse de que así sea.

Lo que sí producen son interesantes derivados como el Anónimo, que se quiere a sí mismo pero no es nadie sin los demás. El activista en red no busca la gloria ni el reconocimiento, se entrega sin interés a la pura producción social de sentido. Es una mentalidad en la que muchos jóvenes han crecido sin dolor, pero que todavía escuece a quienes viven de su nombre. Por eso es importante que ningún famoso se pase por allí a hacerse fotos. Willy, que esta vez no haces falta: si nos quieres, vuelve disfrazado de Wally.

Ni hace falta tampoco que ninguna organización, partido o sindicato trate de "apoyar" a este movimiento: se les irá de las manos. En realidad, ni siquiera captan de qué va la historia, y qué poco se parece a lo que ellos están acostumbrados a entender por política. Pese a los intentos de banalización, muchos de los que vamos allí cada día somos gente verdaderamente quemada, sin trabajo, sin vivienda, con una dura realidad ante los ojos que no consuelan sus ficciones. Nos abstendremos como siempre, pero esta vez no nos callaremos. Esto no es una broma pijomoderna, sino la expresión efectiva de una energía latente que ya era incontenible: se trata de una necesidad, y vamos en serio.

La fuerza de este movimiento reside paradójicamente en su extrema debilidad. Han sabido canalizar un descontento que se expresa también en la barra de los bares, en gente despolitizada que se da cuenta de lo que pasa tarde y confusamente. Este consenso social, conseguido a costa de una situación desesperante, se mantiene gracias a su vago formalismo. Ante la necesidad de sacudirse cualquier miasma ideológico, de canalizar este Gran Rechazo generalizado que no es más que un capítulo (España es una pieza importante) de un proceso global, el movimiento renuncia de momento a la profundidad, difiere el contenido de la rebelión, se define únicamente como una negación abierta. Nadie sabe lo que va a pasar, ni cual será su lado "constructivo".

Voy a aventurarme a pensar, sin ninguna seguridad, que la protesta se radicalizará hasta el día de las elecciones, que ese día estará todavía viva y los políticos de todo pelaje tendrán en ello un pretexto para cuestionar los resultados, hablar de conspiraciones y producir mayor desgobierno. Tratarán de provocar el caos para recuperar el control. La situación política resultante dará lugar a ridículos debates en el Congreso y a una respuesta ciudadana cada vez más firme. La crisis económica se agudizará, es decir habrá más recortes y rescates gane quien gane. El movimiento seguirá adelante bajo esta forma u otra, pues su contenido desborda este carácter formal. Dejará de ser una abstracción y tendrá que descender a la tierra, se pringará contra las fuerzas vivas y será un desastre. Mientras tanto, otra realidad se irá perfilando casi sin que nos demos cuenta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Coñ.... esto sí que es bueno. Es la primera vez que leo algo sobre esto con alguna profundidad y realismo. Sobre la última parte, es una incognita lo qué sucederá, es evidente que no va a influir en las elecciones y en algún momento la masa se difuminará, pasando a ser algo concreto, X, lo que sea. De momento,les nació un grano en las posaderas, molesta pero no invalia. Me parece que se asemeja a una tormenta de ideas, o como dice un amigo mío con muy mala leche , una diarrea (jeje, es broma , es broma).

tipo gris dijo...

eso es: estamos en fase de brainstorming.