4/03/2011

Resistencia vírica (2): El asalto a los medios

El alcance la acción molecular es no obstante limitado. Corre el peligro de quedarse en un gesto narcisista de autoafirmación o en una anécdota sin consecuencias. Si realmente ataca las bases de lo existente puede profundizar tu aislamiento, en lugar de superarlo. Uno puede estar tan desesperado que decida quemarse a lo bonzo en medio de un supermercado, pero a menos que este acto desencadene un torrente de acontecimientos se disolverá como una lágrima en el flujo de transacciones económicas. Si busca trascenderse en un movimiento efectivo de transformación de lo real, si quiere intervenir en los mecanismos de producción del sentido, este “hacer con lo que hay” debe tomar en cuenta los mecanismos del contagio y del desvío crítico. Lo que supone, amargamente, el abandono de la pureza y la inocencia para tomar parte en la batalla contra el infecto y pringoso espectáculo. Adquirir competencias, retorcer las dinámicas de la alienación en su propio terreno, hacerse ver.

Durante décadas hemos denunciado el espectáculo como una especie de mal absoluto, de enemigo a combatir: la percepción de un mundo tergiversado, el flujo frío que paraliza la experiencia física, la dependencia de la Voz del Amo... El espectáculo no son los medios, es un modo de percepción presente en todas las épocas vinculado al ejercicio de la dominación. En relación con esta función social, han cambiado históricamente sus contenidos, sus formas, sus mecanismos de imposición. Los medios de comunicación de masas, tanto en la forma concentrada (flujo homogéneo, control sobre los contenidos, desarrollo unidireccional) como en su forma difusa (múltiples fuentes de información, representaciones en pugna, caos) son un momento más de las formas históricas de este ejercicio de la dominación a través de la representación, la que corresponde al momento actual, en que precisamente el poder de la representación se ha hecho absoluto.

Elvis Pérez
¿Cómo pueden combatirse las representaciones que sustentan el ejercicio actual de la dominación? Que el poder de la representación se haya hecho absoluto supone en primer lugar que nada significativo escapa a su lógica. Evadir esta lógica es un buen modo de condenarse al ostracismo y una buena opción para los anacoretas. Enfrentarla sin más, tratar de eliminar físicamente los actuales mecanismos de producción de sentido resulta simplemente inviable. Pero si la acción molecular fía toda su capacidad efectiva de transformación en el contagio, en la dispersión fractal de los memes, estamos aceptando en algún sentido esa lógica espectacular tal y como hoy se practica en la redes. Por eso es vírica. Un virus necesita a un hospedador, y la acción molecular difusa precisa para tomar cuerpo de amplificación mediática. No cuestiona estos medios, está concebida en última instancia para obtener cierta repercusión en ellos.

Podríamos justificarnos diciendo que los medios no son más que precisamente eso: medios. No fines, ni principios. Que sirvan de forma tan declarada al statu quo es algo comprensible ya que son herramientas de poder, y siempre los poderosos tienen las mejores herramientas; pero ello no supone que, como el lenguaje, no puedan asumir otros usos: habría que estudiar entonces la posibilidad de un uso emancipador de los medios. La contrainformación intenta desde hace tiempo hacer esto presentando contenidos alternativos que no son atendidos o son simplemente ocultados por la prensa del régimen. Tal empresa consigue su objetivo cuando la censura es el principal mecanismo de blindaje de la versión oficial, sacando a la luz los hechos vergonzosos o los aspectos vergonzosos de aquellos hechos que cuestionan la realidad impuesta. Hoy el régimen no son los gobiernos, sino los mercados que los manipulan, y su visión sesgada del mundo ya no está basada en la censura, sino en la multiplicación de la información. Situarse en su terreno, tomar simplemente las armas es por supuesto un recurso testimonial imprescindible, pero insuficiente, toda vez que nos enfrentamos a un ejército mucho más poderoso, organizado y sin escrúpulos.

¿Y si aceptamos que los medios pueden funcionar además como principios, y que en tal medida pueden transformarse en fines? Principios de “realidad” y voluntad de poder. Habrá entonces que desarrollar una práctica que cuestione de raíz sus fundamentos, capaz de desviar su lógica y de darle incluso otro sentido. Será ésta una práctica que, partiendo inevitablemente de estos medios, lleve inherente su propia crítica. Esto es lo que supongo que pretende una organización como Wikileaks cuando trata de romper el flujo controlado de información. 



El modelo sobre el que trabaja Assange es el de una conspiración autoritaria que, para conducir los acontecimientos, selecciona y estructura la información que será accesible a las masas a través de los grandes medios bajo su control, manteniendo en secreto aquella otra que pondría en evidencia sus verdaderos objetivos y que podría inducir a la resistencia. El objetivo no es tanto denunciar los hechos concretos que saca a la luz, satisfaciendo el sentido clásico de la contrainformación. Parece que éstos han deparado pocas sorpresas, y queda la sensación de que la cortina no se ha roto del todo. Lo que pretende Assange según sus palabras es inducir cambios en el comportamiento de las organizaciones que utilizan el secreto como arma, obligándolas a extremar sus cautelas de forma que el arma se vuelva contra ellas mismas.

Al aumentar el secreto sobre sí mismas, las organizaciones conspirativas complejas limitan su propia eficiencia interna. Las filtraciones existen porque hay infiltraciones, y cuanto más compleja y poderosa es una organización más susceptible es hoy de sufrirlas. Las motivaciones del infiltrado pueden ser muy variadas. Puede tratarse de un romántico activista disfrazado, pero más comúnmente se tratará de alguien que en algún punto deja de identificarse con la conspiración por alguna razón personal. Resulta cada vez más complicado manejar y coordinar las motivaciones de cada uno de los individuos implicados en ella. Con el aumento de complejidad y de porosidad de las sociedades modernas se trata de conducir las cosas al punto en que el secreto sea inviable, o cuando menos poco rentable como herramienta de poder.

Lo primero que Wikileaks hace mal es ponerse rostro. De pronto estamos ante una figura espectacular, un comunicador ciertamente atractivo, un héroe con sus luces y sus sombras del que se narran osadas gestas sexuales entre otras que lo han convertido en un fugitivo. Wikileaks se convierte así en parte del torrente espectacular que denuncia, deja de ser el mensajero para convertirse en la noticia, levanta especulaciones que poco tienen que ver con su misión. Bien, ya nos encontramos defendiendo la moralidad del señor Assange junto a las evidencias que hay sobre la mesa. 

Tampoco la imagen corporativa resulta muy afortunada: dos mundos que ocupan sendas esferas de un reloj de arena. La información gotea desde el mundo de arriba alimentando y redimiendo al de abajo. La información es poder, por lo tanto su fuente es el poder. Toda realidad, toda construcción del mundo tiene su origen en las altas esferas. No hay que provocar acontecimientos, basta apropiarse de la información que ahora nos viene servida en crudo, aunque seleccionada y aderezada por los de siempre.

Pues su concepción libertaria de la información no llega al punto de desmantelar su precio para dejar que rebote libremente en las redes. Tal cosa sería su suicidio como organización y como empresa. Por eso no produce perplejidad que prefieran ponerla en manos de quienes pueden pagarla, los medios corporativos de siempre que sabrán hacerla funcionar dentro del juego habitual de los intereses políticos. Hablamos a fin de cuentas de una empresa que trafica con un producto altamente especializado y con enorme proyección social: la mierda que circula a manos llenas por las cloacas del poder.

En realidad hasta el nombre es tramposo, pues Wikileaks tiene muy poco de wiki, es decir de recurso colaborativo, espontáneo y universalmente accesible. Se trata de una organización compleja en la que conspiran ánimos diversos, que tiene sus disidentes y debe tener también sus traidores. Lo que la diferencia de las organizaciones conspirativas es su apuesta radical por la transparencia en lugar del secreto. Pero al mismo tiempo debe proteger sus fuentes, apuntalar su subsistencia legal y económica, prever y desactivar las maniobras de los muchos enemigos que le saldrán al paso. Si todo eso lo lograse la transparencia los niños gobernarían el mundo con la asistencia de algunos poetas borrachos. Por ello su apuesta por la transparencia no debe tomarse como principio, y por tanto tampoco dar por supuesta su inmunidad a la filtración. 

Wikileaks no es una utopía. Ni siquiera es la expresión avanzada del gran cambio que se encuentra en proceso, sino su contratipo espectacular más afortunado. Su aparición no ha sido inútil, pues ha desplazado un poco el campo de la batalla. El resultado es que todo será ahora aún más retorcido.
Entrevista a Pascual Serrano, autor del libro Traficantes de información

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