4/25/2011

Animal llamado Jill Phipps

Es preciso asumir que cada animal es una persona. Y no reivindicamos con ello una especie de dotación escondida, reprimida por la dominación humana sobre la naturaleza, sino que apelamos a nuestra dignidad de especie.

Los animales somos personas. Por eso no nos extraña y apenas nos conmueve ver al compañero encarcelado, al vecino desahuciado, al hermano amputado por las bombas que sostienen el sistema productivo.

Todo animal arrastra gran complejidad en su concepto. Es una central de percepción y procesamiento. No somos máquinas, sino seres expuestos al dolor y al absurdo. Padres y madres, hij@s, amig@s... Cuando eres tratado como un animal comprendes a tus herman@s.

Se ha buscado lo específico del "homo sapiens". No es la risa, pues hay muchas formas de reír. No es la política, pues es lo que nos hace inhumanos. No es la razón, pues nos habríamos dado cuenta de algunas cosas. Parece que es la crueldad. Quien es capaz de patear salvaje e impunemente a un bicho solo para proyectar su frustración de mascota es capaz de calcular el beneficio propio derivado de la desgracia ajena.

Jill era un bicho raro. Necesitaba ser comprendido y le costó. Amaba naturalmente, soy capaz de pensar que sintió intensamente cada momento de su vida.


Existe una especie de principio humano que nadie sustenta, pero que todos obedecen: "cada individuo tiene lo que se ha buscado".

sigue buscando hij@deput@

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