4/27/2011

Poly Styrene también ha fracasado

Y ahora se va Poly Styrene, una de las primeras voces femeninas que agitaron el punk (británico) cuando todavía estaba peligrosamente vivo, una de aquellas zorras (“zorritas” que diría alguno) intimidadoras en su descaro que embistieron los estereotipos del patriarcado con su aparato en los dientes y sus movimientos estudiadamente antisensuales, señalando el camino de la “revuelta grrrl”: “mucha gente cree que las nenas son para ver, pero no para escuchar”. Ella hubiera querido hacer algo hermoso en un mundo lleno de valores, pero la realidad se cruzó en su camino antes de haber terminado de madurar y acabó escupiendo sobre los patrones estéticos.

Nosotros tampoco hemos madurado nada, tus verdades están tan vivas como tu peculiar belleza. Salud, Poly.

4/25/2011

Animal llamado Jill Phipps

Es preciso asumir que cada animal es una persona. Y no reivindicamos con ello una especie de dotación escondida, reprimida por la dominación humana sobre la naturaleza, sino que apelamos a nuestra dignidad de especie.

Los animales somos personas. Por eso no nos extraña y apenas nos conmueve ver al compañero encarcelado, al vecino desahuciado, al hermano amputado por las bombas que sostienen el sistema productivo.

Todo animal arrastra gran complejidad en su concepto. Es una central de percepción y procesamiento. No somos máquinas, sino seres expuestos al dolor y al absurdo. Padres y madres, hij@s, amig@s... Cuando eres tratado como un animal comprendes a tus herman@s.

Se ha buscado lo específico del "homo sapiens". No es la risa, pues hay muchas formas de reír. No es la política, pues es lo que nos hace inhumanos. No es la razón, pues nos habríamos dado cuenta de algunas cosas. Parece que es la crueldad. Quien es capaz de patear salvaje e impunemente a un bicho solo para proyectar su frustración de mascota es capaz de calcular el beneficio propio derivado de la desgracia ajena.

Jill era un bicho raro. Necesitaba ser comprendido y le costó. Amaba naturalmente, soy capaz de pensar que sintió intensamente cada momento de su vida.


Existe una especie de principio humano que nadie sustenta, pero que todos obedecen: "cada individuo tiene lo que se ha buscado".

sigue buscando hij@deput@

4/09/2011

Dos revueltas: Túnez y Egipto 2010-11 (y 2)


* * *

El mundo árabe contiene el aliento y mira hacia Egipto. La lucha que allí está a punto de desplegarse prefigura el resultado de las luchas que quizá surjan pronto por toda la región. Una derrota del levantamiento egipcio, sea a manos de los militares o a manos de los islamistas, se traduciría en una derrota para los levantamientos ya en curso, en Libia, el Sudán árabe, Yemen y Argelia. Determinará lo que salga de ellos de un modo u otro.


1. En Egipto las cosas han llegado a un punto en el que hay claros indicios de descomposición revolucionaria y reorganización de la sociedad.

La odiada policía casi se ha desintegrado, se ha retirado de la calle, no se la veía por ninguna parte. Esta asombrosa observación, que nadie pudo pronosticar y que topó con la incredulidad y la desconfianza de los manifestantes, no es indicio de la relativa fuerza de estos últimos —en términos militares— sino de la debilidad interna de la policía.

Dicha fuerza se mostró medianamente fiable mientras se vio a los manifestantes como gente de clase media con formación universitaria. Parece ser que esta noción se vino abajo cuando personas de los estratos inferiores de la sociedad, tras algunas vacilaciones, comenzaron a interesarse por su lucha y salieron a la calle a apoyarles.

La policía, compuesta en su mayor parte por gente de esos estratos inferiores, parece haber titubeado instantáneamente frente a un levantamiento que en gran medida ha demostrado ser proletario.

La desaparición de la policía de la calle, y la oleada instantánea de saqueos que le siguió —según la mayoría de los egipcios organizada por la propia policía— provocó una respuesta de las masas: empezaron a organizar comités de barrio dedicados a salvaguardar a la población y a organizar su defensa, tanto contra el Estado como contra las bandas.


2. Otra forma de autoorganización cobró existencia de un modo muy parecido: comités de fábrica obreros, al menos en los bastiones industriales, donde los trabajadores se unen para defender (lo que podríamos traducir como: ocupar) su lugar de trabajo y organizar una huelga general. También partió de estos círculos el intento de formar sindicatos independientes.

Estos acontecimientos son significativos en la medida en que en esta fase ya no existía el control estatal sobre partes de la vida social. A la gente se le dio la ocasión, y la obligación, de organizarse a sí misma.

Parece que si hay un criterio que defina a la social revolución frente a la mera revolución política, es éste. Lo que ahora estamos presenciando en Egipto es una auténtica revolución social.

A juzgar por cómo fracasó la revolución iraní en 1979, ya se puede deducir que existe un peligro profundamente arraigado en la doble estructura de esta autoorganización nueva y espontánea. Las dos ramas, si se quiere, podrían tender a tomar rumbos divergentes porque representan necesidades completamente diferentes y obedecen a una dinámica totalmente distinta; y eso podría acabar utilizándose para arruinarlas.

En 1978-1979, los comités de barrio, los komiteha, acabaron bajo la influencia de los clérigos islamistas y sus seguidores porque en esos círculos tenían muchos seguidores y muy devotos, temerarios y organizados, que no estaban dispuestos a respetar las reglas de la democracia revolucionaria, y que decidieron aplastar a sus adversarios. Más tarde, su brazo armado se incrustó en lo que acabaría siendo la organización pasdaran, de una forma muy semejante al modo en que Feliks Dzershinsky creó la Cheka a partir de lo que quedaba de los comités militares de los soviets locales, tras purgarlos de todos los no-bolcheviques y convertirlos en un mero instrumento.

Por otra parte, los consejos obreros fueron controlados poco a poco por grupos leninistas y populistas de izquierda que redujeron la trascendencia y el impacto potencial de estos consejos a la condición de un mero instrumento político; cuando llegó el momento en que los islamistas se volvieron contra los obreros, toda su organización cayó en cuestión de meses.

Así fue cómo la autoorganización del proletariado sucumbió ante la contrarrevolución islamista.

Estas dos ramas representaban dos tendencias diferentes, y en última instancia servían a dos clases distintas: los comités de barrio representaban cada vez más a lo que podría llamarse una pequeña burguesía, y los consejos de fábrica al proletariado industrial. No había ninguna organización, sin embargo, capaz de ocuparse de la organización de la sociedad posrevolucionaria en su conjunto; la democracia insurgente, nacida de la necesidad de autodefensa, demostró su parálisis, y en última instancia fue incapaz de hacer frente al enemigo.

En estos momentos no vemos qué podría ayudar al levantamiento egipcio a evitar este escollo.


3. El ejército egipcio no parece saber si volverse contra Mubarak o contra el levantamiento. Ha entrado en las ciudades, donde fue vitoreado por la multitud, que lo acogió como contrapeso a la detestada policía; hasta el momento se ha abstenido de reprimir al pueblo insurgente.

Son pocos los analistas que no creen que pueda hacerlo. No es nuestro caso, sin embargo, porque no vemos cómo el ejército podría evitar correr la misma suerte que la policía; y si lo hiciera, entonces los desertores armados se sumarían al levantamiento, que entonces estaría armado. Y eso supondría el fin de cualquier intento de restaurar el orden pronto, que es lo que pretende el liderazgo militar.

Además, los militares quieren desesperadamente ser percibidos como parte de la solución, no como parte del problema. Por tanto, sólo reprimirán las protestas si se encuentra una solución política, es decir, un llamado gobierno de unidad nacional bajo Baradei u otro, con o sin la participación del PND.

El día en que se encuentre esa solución será el día en que comience en serio la represión.

El último factor de la ecuación son los Ikhwan al muslimun. Los islamistas no parecen estar a punto de saltar al primer plano ni de tratar de hacerse con el poder. Aguardarán al momento en que se sepa quién es el ganador, y entonces harán su apuesta. Mantienen una presencia en gran medida simbólica dentro de las protestas y negocian entre bambalinas. Saben que formarán parte de cualquier solución política, y que tienen suficiente fuerza en la calle para que su voz sea oída en ella en caso necesario.

Son un enemigo a tener en cuenta. Nadie puede pensar que hayan sido marginados. Sólo se muestran cautelosos. De un modo u otro, tendremos noticias suyas.

Cualquier supuesta solución política, recordémoslo, no es una solución. Esto no tiene que ver con el establecimiento de un nuevo gobierno; de haber sido ese el caso, nada de esto habría sucedido.

El mundo árabe, y no sólo el mundo árabe, está observando. Están a punto de suceder grandes cosas. Nadie sabe cómo saldrán. Todo podría salir horriblemente mal. Para que no salgan horriblemente mal, las cosas necesitan asistencia. Hacen falta iniciativas, en Europa y en otras partes. Todos los interesados en el éxito de la revolución egipcia deberían ponerse en movimiento. Si no sois unos completos chalados —cosa que algunos sois— sabréis lo que tenéis que hacer.

4/07/2011

La era de los motines ha comenzado…

Octavilla repartida el 23 de febrero de 2011 durante las manifestaciones por la huelga general en Atenas y Tesalónica, Grecia.

Nada explota como una refinería y a los insurrectos parece gustarles quemar cosas…
(declaración de un analista financiero en Aljazeera)


La fase de transición de la crisis: de la reestructuración a la rebelión

Día a día, el viento de revuelta que barre regiones de África y de Oriente Medio se hace sentir más. Un país tras otro aparece en los titulares de la prensa internacional y el tema es siempre el mismo: conflictos entre manifestantes y la policía o matones paraestatales de cada régimen local, que suele ser totalitario. Pese a todos los esfuerzos del espectáculo global para ocultar la naturaleza proletaria de los levantamientos y subrayar sus contradicciones internas, presentando los acontecimientos como meros «movimientos políticos por la democracia» o como confrontaciones políticas entre los seguidores de tal o cual político regional, no se puede ocultar la evidente verdad: se trata de una clase contra otra. Los proletarios utilizan piedras, cócteles Molotov y palos; la poli está completamente armada y tiene tanto miedo que dispara y mata indiscriminadamente. Los proletarios ocupan edificios, bloquean carreteras y queman coches, reducen cárceles a cenizas, liberan a los presos y sabotean las infraestructuras. El capital se prepara para imponer una dictadura aún más dura. Para los regímenes de transición no será fácil estabilizarse, pues no podrán satisfacer ninguna de las principales reivindicaciones de los insurrectos relacionadas con sus condiciones de vida. Egipto y Libia son, de momento, las manifestaciones más serias de la fase insurreccional de la crisis. Egipto es importante debido a su relevancia económica y geopolítica dentro de la competencia global intercapitalista y Libia lo es, no sólo por su relevancia como país productor de petróleo, sino también porque el Estado perdió rápidamente el control de la situación, lo que ha desatado el pánico a escala mundial.

El actual régimen de acumulación es el resultado de la primera reestructuración que tuvo lugar durante las décadas de 1970 y 1980; su crisis es la otra cara del éxito de esa reestructuración. Es la profundización del propio neoliberalismo lo que ha producido esta crisis histórica, porque el capitalismo es un sistema de relaciones sociales contradictorias. No importa lo estable que parezca por fuera cada modo de acumulación: lleva en su seno el desarrollo de su dinámica contradictoria interna, lo que acaba conduciendo al estallido de la crisis. El logro del capitalismo reestructurado, a saber, el triunfo de la subsunción de toda la existencia del proletariado bajo el capital, ha hecho depender desesperadamente la reproducción del proletariado (y del capitalismo) de los altibajos de la economía, esto es, que ésta sea más vulnerable a la crisis que en cualquier período histórico anterior. En el actual momento histórico en el que nos encontramos, la fase de transición de la crisis capitalista global que estalló en 2008 sigue desarrollándose. En esta fase de transición, el capital financiero global intenta evitar su devaluación directa mediante la imposición de una draconiana segunda fase de la reestructuración en todo el planeta. Las consecuencias de este esfuerzo son visibles en todas partes, pero difieren en lo que se refiere a la intensidad y la calidad del ataque contra el proletariado, que depende de: a) la posición de cada Estado dentro de la jerarquía capitalista global, b) los progresos ya realizados durante la primera fase de la reestructuración impuesta y sobre todo c) la historia de lucha de clases en cada región. En todo el mundo (salvo en China) la reestructuración supone la reducción del salario directo e indirecto (pensiones, prestaciones y servicios públicos); supone que la reivindicación salarial se vuelve ilegítima; también supone el aumento en los precios de bienes esenciales, lo que se debe tanto al mecanismo objetivo de la crisis como al hecho de que determinadas facciones del capital especulan claramente con los precios alimentarios. Uno de los resultados de esta apuesta es que la parte más desvalorizada del proletariado no tiene literalmente nada que comer: «Los precios han subido tanto que si compro unos cuantos limones para mi dolor de garganta, me quedo sin blanca durante todo el mes» dijo un trabajador del Ministerio de Transporte en Egipto.

Ante la tormenta de la crisis económica, los subsidios estatales para la supervivencia de la fuerza de trabajo superflua desaparecen y el resultado es la proliferación del trabajo informal y de la miseria. Los proletarios no tienen otra opción que trabajar (en su mayoría de modo informal) para poder sobrevivir y al mismo tiempo, como resultado de la crisis, les resulta imposible encontrar un empleo o tener unos ingresos que cubran el coste de la reproducción de su fuerza de trabajo. Los proletarios exigen sobrevivir, así que reivindican reducciones en los precios de los alimentos, aumentos salariales y empleos. Sus reivindicaciones piden desesperadamente a los capitalistas que salven al capitalismo de sí mismo. Cuando exigen empleo estable y salarios «decentes», de hecho los proletarios les dicen a los capitalistas: «nos necesitáis, sin nosotros no hay extracción de plusvalía, no hay capital». El capital, por su parte, responde que no puede costear la supervivencia del proletariado, y deja claro que una parte (significativa) de este último es inútil (en términos de valor) y, más importante aún, que la deseada recuperación no conlleva reintegración alguna de esta parte superflua del proletariado; de ello se sigue que estructuralmente estos proletarios constituyen una población sobrante. Históricamente, pues, la reivindicación salarial aparece como un callejón sin salida (estructural, no cíclico) y a la vez como algo necesario. El levantamiento de este proletariado superfluo, y por tanto carente de futuro, se enfrenta a la forma más clara y cruel de dominación capitalista, la policía. Y es precisamente el hecho de que la salida de la crisis, desde el punto de vista capitalista, no incluya a esta población proletaria superflua lo que convierte a la policía en la forma general del capitalismo actual.

En todo el mundo los proletarios experimentan lo asfixiante de su precaria situación en un contexto definido por la miseria y la ghettoización. Los ejemplos más llamativos son Frontex (la policía de fronteras de la UE), la policía y los militares respectivos desplegados en la frontera estadounidense con México, el muro en Palestina, los campos de trabajo vigilados por el ejército en China, las comunidades valladas de Hispanoamérica y su equivalente, las favelas, inmensos barrios bajos, y por supuesto la versión griega de esta situación, la valla de 12,5 km en la frontera con Turquía. De forma lenta pero definitiva, el planeta entero se convierte en un espacio gobernado por el apartheid y se construyen modernos bantustanes para la clase trabajadora. Esta represión urbana asfixia a los proletarios y niega una de las condiciones básicas del capitalismo: la venta libre de la fuerza de trabajo. En El Cairo, este tipo de planificación urbana se puso en práctica a buen ritmo durante la década pasada. En todas las regiones de África y Oriente Medio en las que ahora se produce el levantamiento proletario, la dictadura del valor y de la economía adopta la forma política de una democracia dictatorial. La razón por la que estos motines han alarmado a los capitalistas de todo el mundo es que la dictadura democrática, el totalitarismo, ahora también es la fantasía de la burguesía en los países más desarrollados, pues parece ser la única forma de imponer la segunda fase de la reestructuración.

En todos estos países las manifestaciones y motines comenzaron a partir del terreno de la reproducción; la cuestión es saber si la agitación también llegará al terreno de la producción de valor, al epicentro del capitalismo. Las huelgas que siguieron a la caída del dictador socialista Mubarak parecen apuntar en esa dirección y los capitalistas observan ansiosamente ese rincón del mundo con el dedo en el gatillo, pues de repente los «El Dorados» se convierten en trampas para el capital en regiones volátiles cuyo futuro es muy incierto. La «inmensa ventaja competitiva» se ha convertido, prácticamente de la noche a la mañana, en «un riesgo de gestión imposible». La subcontratación, el turismo, la construcción y la industria textil, pero sobre todo las rutas petroleras y comerciales (Suez y el Golfo) topan ahora con el fuego del levantamiento proletario. Después de Túnez, Egipto y Libia, donde la insurrección prosigue todavía, Bahrein, Yemen, Irán, Irak y Argelia matan proletarios en su esfuerzo por impedir el levantamiento.

El régimen griego también intenta operar proactivamente contra la revuelta venidera: de una parte se prepara para la imposición formal de alguna forma de dictadura (quizá mediante elecciones) y por otra busca dirigir las reacciones hacia un rumbo populista-nacionalista de derecha o de izquierda (como segunda opción). Los funcionarios del capital financiero global, que controlan en estos momentos el poder estatal griego, intentan ahora vender rápidamente la propiedad estatal, después de su éxito en reducir los salarios. Esta venta no es sino un intento de valorizar un capital atrapado (principalmente) en el sistema financiero griego y europeo y que corre peligro inmediato de devaluación masiva. En el otro bando, los proletarios se oponen a esta venta porque comprenden que supone una reducción todavía mayor del salario indirecto y el deterioro de sus condiciones de vida en general; se niegan a pagar multas y peajes, ocupan edificios, tratan de reducir los efectos de crisis haciendo tanto ruido como pueden, pero hasta ahora sólo en la esfera de la circulación y la reproducción. Las huelgas en sectores afectados por la reestructuración no se corresponden con la intensidad del ataque; no representan sino los últimos cartuchos de las capacidades de mediación de los sindicatos.

Las dos probables estrategias de la burguesía griega son de doble filo. La imposición de una dictadura en Grecia probablemente haría atravesar el Mediterráneo al virus de la rebelión, con todo lo que algo así supondría para otros países europeos. Por otro lado, la desaceleración de la reestructuración seguramente pondría en entredicho la participación del Estado griego en la Europa políticamente unificada, lo que lo relegaría a la tercera zona del capital. Eso haría peligrar seriamente los intereses de un gran sector de la burguesía griega.

Para los proletarios que viven en Grecia sólo hay un camino, con independencia de la opción puesta en práctica: unas luchas de clase cada vez más radicalizadas. Seguramente los sindicatos no convocarán pronto otra huelga general de 24 horas como la de hoy, pero a medida que pase el tiempo los frentes de la lucha de clases se multiplicarán y el estallido de la insurgencia ya no puede posponerse mucho más. Por la dinámica de su propio desarrollo y sus fracasos objetivos, las luchas reivindicativas del proletariado, centradas en la existencia del salario y contra el deterioro general del nivel de vida, acabarán rompiendo con su contenido reivindicativo. Esta ruptura ya se anuncia en casos como el de Keratea y aparecerá netamente en cualquier conflicto localizado. El contenido de ruptura hace imposible la unificación política de los proletarios en lucha y por tanto la mediación efectiva de los conflictos. Por ejemplo, la represión a la que probablemente se enfrente el movimiento social «nosotros no vamos a pagar la crisis» podría llevar el conflicto al punto de poner en peligro la propia existencia de los actuales medios de transporte. El desarrollo de la dinámica de rupturas jamás puede terminar y estabilizarse en «conquistas de la clase trabajadora»; sólo puede ser el comienzo del proceso revolucionario histórico.

Agentes del Caos

4/06/2011

Dos revueltas: Túnez y Egipto 2010-11 (1)

Lo que sigue a continuación es una traducción de un análisis en alemán publicado en el blog In The Absence Of Truth enviado a nuestro correo por un colaborador anónimo junto con otros textos que iremos publicando y que juntos componen un cuadro de la situación digno de ser considerado por cuanto nos afecta.
* * *

El mundo árabe está completamente alborotado: en sí mismo esto es un hecho histórico.

1. El mundo árabe, ese sistema de autocracias fosilizadas que, como los zombies, parece haber escapado de los cementerios de la historia revolucionaria, ese estrambótico mundo donde parecía posible, hasta hace muy poco, que los presidentes fundasen dinastías de presidentes y que los faraones fuesen momificados en vida, ese mundo de permanente defensa de las conquistas de la última «revolución» militar hecha por los mismos oficiales, de guerras permanentes y de gloriosas victorias ilusorias contra el archienemigo, ese sistema de Estados todopoderosos que fueron Estados fallidos desde sus inicios, mantenidos a flote sólo por su completa incompetencia, que entretanto se ha convertido en un factor económico por derecho propio. Y, por supuesto, durante la mayor parte del tiempo, sin oposición digna de ese nombre.

En estos días ese mundo árabe —¡y es como para celebrarlo!— ha llegado a su fin. ¡Días históricos, sin duda! Esperemos que los productos de esos regímenes de pesadilla también desaparezcan con ellos, y que no envenenen el tiempo que venga después: la pasividad de las masas, enraizada en la legítima presunción de que no participarán en ninguno de los grandes acontecimientos históricos oficiales, los putschs o las «revoluciones» correctivas; el omnipresente temor a las conspiraciones, todo ello basado en la conciencia bien fundada de ser meros objetos de todos los planes y proyectos imaginables de poderosas pero siniestras figuras; la eterna predisposición a aplaudir el estado de cosas existente y a adjudicar todos sus innegables horrores al enemigo exterior, al imperialismo y al sionismo.

Esperemos, aunque sólo sea por un instante, que en el mundo árabe, en estos días, la gente conquiste su conciencia, su historia y el sentido de su responsabilidad histórica, así como la experiencia de que son ellos mismos quienes han de hacer su propia historia. Porque, y ese es nuestro siniestro deseo, en cuanto una parte relevante de la humanidad conquiste esa experiencia, ésta empezará a hacerse verdadera y dejará de ser una ilusión desesperada para convertirse en una fuerza objetiva. ¿Y qué más podrían desear los comunistas como primer paso que el hecho de que la humanidad deje atrás su pasividad y conquiste su propia historia? 


2. El mundo árabe nunca ha sido, aunque lo haya aparentado, la parte lamentable, olvidada y atrasada de este mundo tan feliz y tan moderno; al contrario, los signos más que evidentes de su fracaso total han sido los signos del fracaso del propio mundo moderno en el que todos vivimos, y un castigo histórico por el inconcebible fracaso de la humanidad al no haber abolido Estado y capital cuando todavía estaba a tiempo. Del lamentable estado de las sociedades árabes sólo cabe deducir el lamentable estado de las nuestras, y en consecuencia, para nosotros lo que ahora sucede allí importa y mucho. No hace sino poner la carga aún más firmemente sobre nuestros hombros para que cumplamos con nuestra parte, para que esta revuelta árabe de hoy, como antes la iraní, no haya sido en vano o peor.

Para los analistas políticos de todo tipo, es muy fácil seguir la pista de la situación en los países árabes hasta dar con la total incompetencia de sus elites, y así queda explicado otro problema más a gusto de todos. No obstante, se olvida con demasiada facilidad en qué circunstancias concretas surgieron esos Estados, y que esas sociedades han entrado en la historia, es decir, en el mercado mundial.

Por tanto, cada analista tiene que ocultar u olvidar que el mundo capitalista moderno, sea de estilo occidental o moscovita, ha perdido hace mucho la capacidad de dar a sus sociedades una apariencia siquiera de orden racional; que ha perdido toda la racionalidad interna que podía haber tenido en algún momento —y de eso hace ya mucho— (Wolfgang Pohrt habla incluso de 1870), y que este orden sólo ha sido «racional», y hasta «progresista» sólo en la medida en que cabía imaginar al proletariado recién creado derrocándolo y sustituyéndolo por la emancipación humana universal.

Tras la Primera Guerra Mundial, la revolución fracasada, la contrarrevolución y el nacionalsocialismo, esta perspectiva se perdió. Y así, contra toda razón, se mantienen vivas la dominación y la explotación; sería exagerado creer que la dominación y la explotación no tuvieran hoy el aspecto de haberse prolongado mucho más allá de toda apariencia de legitimación histórica; el hecho de que debieron de haberse abolido hace mucho, y sin embargo sobrevivan es lo que les da su aspecto zombiesco. Al menos cumplirían lo que Marx, estremeciéndose, le concedía al capital como legitimación histórica: que produjeran la sociedad burguesa, la sociedad moderna del intercambio libre e igual de su trabajo: ¡no se hable más! El capital mismo, disfrazado con una máscara espeluznante de tiempo premodernos, habita las ciudades fantasma desiertas que él mismo ha creado.

El propio islamismo, esta horrorosa mascarada, es un movimiento totalmente moderno, que no expresa otra cosa que el capital desesperando de sí mismo.

Este mundo árabe, esta entidad atrasada donde hace muy poco tiempo no se movía nada salvo la locura apocalíptica de fanáticos instigados, es el retrato exacto, el verdadero rostro de este mundo en el que todos vivimos y en todas partes. Y son los argumentos en favor de nuestra causa los que están siendo expuestos en las calles de Túnez, de Qahira (El Cairo), y esperemos que muy pronto y una vez más, en Teherán. 


3. La revuelta en Túnez ha deshecho, al principio sólo por un breve instante, la miseria específicamente árabe, y ha demostrado por primera vez en la historia que hasta un régimen árabe puede ser derrocado por su propia población (1); que ni siquiera estos regímenes aparentemente intemporales son eternos; que la pasividad de las sociedades árabes no es un hecho natural, sino el resultado de un singular callejón sin salida histórico al que la constelación poscolonial concreta, la empresa fracasada del desarrollo no-capitalista y el modelo de modernización neoliberal forzado pueden haber contribuido, pero cuyo núcleo es la crisis continuada y nunca resuelta del capital.

Que esta crisis desafía todos los intentos de solución; que ningún sistema y menos los más rígidos, ha sido capaz de organizar la formación nacional y la competitividad en el mercado mundial a la vez sin topar con la resistencia de su propia población, que se supone que sólo ha de suministrar el material humano a esta doble empresa: eso sería una buena noticia para amigos de la sociedad sin clases como nosotros, pues esta crisis, que todavía está por resolver, no se distingue en nada de nosotros mismos.

(Hagamos una pausa momentánea para recordar que, por supuesto, ese sistema, capaz de organizar tanto la competición en el mercado mundial como de gestionar la formación nacional, existe, y goza de gran aprobación entre su población; el nombre de este sistema es Alemania, la gran ganadora de la crisis en curso, y una amenaza manifiesta para el futuro de la humanidad; allí la revolución está realmente muerta, y la humanidad se muestra demasiado débil de mente y floja de corazón para tratar a este sistema, el país de los eficientes nietos de Hitler, como merece.)

La trascendental y universalmente reconocida obsolescencia del hombre, que se muestra en el paro hasta de los trabajadores con mejor formación, no forma parte en sí misma de la crisis del capital, sino que se ha convertido en parte de esa crisis debido a la revuelta de aquellos a los que se hace obsoletos. Por desgracia, nadie puede sublevarse contra el paro y la falta de perspectivas durante mucho tiempo sin sublevarse contra el destino humano de convertirse en trabajo en general. Una insurrección pro-trabajo es un absurdo en sí mismo; una insurrección contra éste tendría que serlo contra la dominación y la explotación, y como tal será una empresa ambigua mientras no esté en posición de ocupar las fábricas y destruir la maquinaria del Estado.

Pero llegados a ese punto, la conquista de las fortalezas de la dominación y la cuestión de cómo organizar una sociedad libre se impone forzosamente, y hasta ahora todas las revoluciones han fracasado en darle respuesta. Antes de llegar a ella, es posible que la gente en revuelta retroceda y decida someterse de nuevo a los poderes de siempre: el trabajo asalariado, el Estado soberano y la familia, infundiéndoles a estas formas sociales nueva vida y vigor que sólo pueden servir a horribles propósitos. Si hay algo en lo que pueda confiarse, en toda la historia conocida, es en la contrarrevolución. 


4. Tras el levantamiento tunecino no vendrá un gobierno capaz de gobernar la sociedad mejor de lo que lo hizo el espantoso déspota Ben Ali, y secretamente eso lo sabe todo el mundo. Pero si todo hubiera sido cuestión de tener un gobierno mejor, nada de esto habría sucedido.

No es una coincidencia que el levantamiento tunecino adoptara formas que parecían contener, uno tras otro, el levantamiento francés de 2005, el griego de 2008 y el iraní de 2009. Tampoco es una coincidencia que los acontecimientos tunecinos parezcan encajar en esa sucesión tan perfectamente que todos los eslabones de la cadena sólo resultan plenamente comprensibles a la luz de los demás; considerados de forma aislada, parecen ser simples erupciones espontáneas de pasión de masas; considerados en su relación mutua, ofrecen la perturbadora impresión de una crítica cada vez más precisa, consciente y omniabarcante de la sociedad contemporánea.

Por supuesto, sabemos que ya no existe algo así como una dialéctica positiva de la revolución. Pero es asombroso hasta qué punto puede llegar a parecer que existe. Veremos enseguida en qué punto podría detenerse por completo. Esperamos que no sea ese el caso, pero ¿qué importan nuestras esperanzas?

Todos estos movimientos insurreccionales partieron de circunstancias muy distintas, pero todos ellos se desarrollaron de forma similar; lo que sucede es que expresan estas formas de modo diferente, según las circunstancias y lo que éstas exigen. En Túnez vimos por primera vez la interacción de los distintos elementos, incluidos los contradictorios y conflictivos, de todos los movimientos precedentes; la quema de coches, por ejemplo, que parece haberse convertido entretanto en una expresión internacionalmente comprensible de cierta crítica de la sociedad de mercancías, topó inmediatamente con la necesidad de seguridad de los propietarios de esos coches, que les llevó a custodiarlos bate de béisbol en mano. No hace falta dar muchas vueltas para adivinar quiénes van a apoyar a los gobiernos interinos, y quiénes seguramente no, de acuerdo con la infame máxima árabe según la cual más valen cien años de tiranía que un solo día de caos (2).

Pero las contradicciones internas del movimiento sólo pudieron aparecer porque éste logró extenderse y expulsar al odiado presidente, y elevar así la confrontación al nivel de la cuestión de qué debería de venir tras él; un paso más allá de lo que ha ido la insurrección griega, y un paso hacia lo desconocido, en el que la tendencia de quienes queman coches se verá forzada a constituirse en partido histórico o desaparecer.

No cabe duda de que precisamente esta última tendencia es el enemigo más implacable de una simple continuación del statu quo y la principal garantía en su contra, como también es indudable que sus aspiraciones se oponen completamente a las de las clases medias, y más aún a las de los militares. Pero estos dos últimos sectores nunca han sido capaces de decidir por su cuenta que el presidente tenía que dimitir: esa decisión tuvo que serles impuesta.

Lo más interesante es la amplia participación de la clase trabajadora industrial, que se refleja en el grito proferido por todos los analistas desde el principio, ¡para que los sindicatos intervinieran, resolvieran la crisis y refundaran el Estado! Veremos qué tal les va en esa tarea.

En conjunto, el movimiento tunecino parece más racional, más sabio y más agradable que el francés de 2005; se trata de un interesante descubrimiento que proporcionará conclusiones importantes acerca de los errores del movimiento de 2005, y sin duda recibirá la atención que merece en los círculos a los que incumbe.

Ya había sido objeto de atención en la región en general, como quizá sepáis; para empezar, no estuvo restringido a Túnez, sino que incluyó también a Argelia, sometida a circunstancias mucho más duras, y con un ejército más brutal y temerario y una población más aterrorizada enfrente. Pero luego se extendió, en poco tiempo, a Libia, donde al parecer se han producido increíbles movimientos de squatters, de ahí a la península árabe, y, como quizá hayan oído, después a Egipto, donde en estos días se verá el amanecer de la libertad árabe o el reflejo de su catástrofe. 


5. Cuál de las dos cosas haya de suceder a largo plazo no es algo que esté en manos del régimen egipcio, sino en las de los propios egipcios sublevados, porque ahora, al llegar a Egipto, el centro del mundo árabe, aparece en escena un nuevo actor.

En Egipto tampoco se trata del presidente; de haberse tratado del presidente, nada de esto habría pasado. Se podía ver (si se era capaz de ver) una acumulación constante de actividad opositora radical a lo largo de estos últimos años, incluyendo auténticas insurrecciones obreras. Y ninguna de las llamadas organizaciones opositoras, ni las ajadas máscaras histriónicas de las izquierdas (restos de la propia historia revolucionaria árabe agrupados en torno a la infame coalición Kifaya), ni los Ikhwan al muslimun (la principal organización islamista), mucho más poderosos, ha podido hablar en nombre de estos movimientos. Al contrario, sus intentos de movilizar mediante manifestaciones, y hasta de convocar una huelga general en los aniversarios del levantamiento de Mahala al kubra no encontraron eco apreciable.

Eso fue alentador; pero, por el contrario, si las masas egipcias pudieran ser movilizadas por una organización que llamase a repetir la guerra contra Israel, eso sería un desastre.

Parece que tales reivindicaciones no tienen cabida en las manifestaciones de hoy, y que se les niega activamente sitio; por algún motivo misterioso parece haber un sustrato activo de las protestas, del que surge una organización espontánea, que ha logrado negar la palabra tanto a los islamistas como a los nasseristas.

Si este sustrato consiste en una conciencia generalmente compartida, o incluso está encarnado en una cuasi-organización, es algo que todavía no se sabe.

Ahora bien, nadie sabe cuánto poder son capaces de proyectar realmente los islamistas en la calle. Y si hay un factor que no debe subestimarse, es precisamente ese. Eso es algo que la izquierda iraní, por ejemplo, sabe mejor que nadie. Los Ikhwan al muslimun tendrán que jugarse el todo por el todo —y ese día no está lejos— para abatir a este movimiento; éste es, sin saberlo, su enemigo mortal, pero los Hermanos lo saben muy bien; en cuanto el régimen se derrumbe, comenzará la batalla decisiva contra un enemigo desconocido.

Y cada paso que da el movimiento es un paso más hacia lo desconocido; después del presidente malo, no vendrá uno bueno que sea mucho mejor, pues el presidente malo es la venganza de la historia por seguir teniendo cosas como Estados y presidentes mucho tiempo después de que haya quedado probado que su existencia es contradictoria con la existencia de la humanidad. Y la vacilación ante ese problema, unida al súbito ataque de un enemigo sanguinario, podría ser el final que aguarda a ese movimiento. 


6. ¿Qué quieren quienes participan en estos levantamientos? No un presidente Baradei, ni un Musavi. Tampoco necesariamente unas nuevas elecciones ni una guerra contra Israel, sino, como ellos mismos dicen, una vida mejor. Eso es muy razonable, y uno no tiene que decidir: no se puede evitar estar de su parte.

Lo que no sabemos, y ni siquiera podemos adivinar, es hasta dónde llegarán los cambios que consideran necesarios, con qué poco podrían conformarse y qué conciencia tienen de los terribles enemigos que se interpondrán en su camino, más terribles que los militares árabes, que en tiempos sólo tenían un destino —disparar contra su propia población— y cuyos oficiales se encuentran hoy en las calles de Egipto intentando persuadir a la gente de que vuelva a casa.

Los insurrectos iraníes, que observarán con atención lo que sucede estos días, ya sufrieron hace mucho tiempo la derrota y tuvieron frente a ellos al último enemigo. Está por ver si los egipcios han asimilado la lección.

Son tiempos realmente sobrecogedores. Nadie sabe aún si se trata del comienzo de una gran paz o de una gran guerra. Pero algún día tenía que pasar.

Que la humanidad se encuentra ante una encrucijada es algo que cae de su propio peso. Lo está todos los días. Y todos los días, decide, de un modo u otro, seguir como antes. Pero no todos los días es la lógica de la propia historia, el proceso objetivo, el que la fuerza a tomar una decisión de forma explícita, activa y consciente. Y los días en los que eso sucede son días en los que hay lugar tanto para el heroísmo admirable como para el cretinismo funesto; son días de decisiones en los que las dudas comunes y generalizadas sobre la marcha del mundo son posibles y en los que la humanidad podría reunir la fuerza para despertar, estremeciéndose, ante su condición. Son días en los que el aislamiento que nos rodea parece disiparse, en los que ya no parece que estemos solos con nuestras dudas y nuestros temores, días en los que las cosas podrían empezar a cambiar y los conceptos empezar a moverse; días que son como los dolorosos segundos entre el sueño y el despertar. Días en los que parece que todavía podríamos ser humanos. Esos días son los únicos por los que merece la pena vivir.
«En este horno 
Te pido ahora que te aventures;
Tú, a quien no puedo traicionar.»

P.D. Podéis leer nuestros anteriores análisis de los acontecimientos de Francia 2005, Grecia 2008 o Irán 2009, y Egipto 2008 (todos en alemán) en:
http://letzterhieb.blogsport.de/category/iranischer-aufstand/
http://letzterhieb.blogsport.de/category/die-kommende-revolte/

NOTAS

(1) No ha sucedido algo así antes, ni en 1988 en Argelia ni en 1985 en el Sudán; aunque a veces se oiga decir eso. Esos acontecimientos, por determinantes que fueran, están muy alejados de lo que está sucediendo ahora.

(2) Y tampoco hace falta darle muchas vueltas para comprender que la quema de coches es precisamente un ataque anticipado contra esas partes de su propia clase a las que consideran, con razón o sin ella, partidarias del orden, y por tanto, al menos un ataque simbólico contra la pasividad y la connivencia de la clase trabajadora, así como un ataque contra el pilar de la autoconcepción de la fuerza de trabajo, contra su movilidad y su status social.

4/05/2011

Adiós a Nel Amaro


Ayer murió nuestro amigo Nel Amaro, performer y poeta experimental asturiano, colaborador prolífico y generoso en numerosas publicaciones alternativas. Hace años tuvimos ocasión de entrevistarlo para el fanzine Amano y a partir de dicho contacto siempre pudimos contar con él para llevar a cabo nuestros proyectos. Su recuerdo nos seguirá iluminando.



4/03/2011

Resistencia vírica (2): El asalto a los medios

El alcance la acción molecular es no obstante limitado. Corre el peligro de quedarse en un gesto narcisista de autoafirmación o en una anécdota sin consecuencias. Si realmente ataca las bases de lo existente puede profundizar tu aislamiento, en lugar de superarlo. Uno puede estar tan desesperado que decida quemarse a lo bonzo en medio de un supermercado, pero a menos que este acto desencadene un torrente de acontecimientos se disolverá como una lágrima en el flujo de transacciones económicas. Si busca trascenderse en un movimiento efectivo de transformación de lo real, si quiere intervenir en los mecanismos de producción del sentido, este “hacer con lo que hay” debe tomar en cuenta los mecanismos del contagio y del desvío crítico. Lo que supone, amargamente, el abandono de la pureza y la inocencia para tomar parte en la batalla contra el infecto y pringoso espectáculo. Adquirir competencias, retorcer las dinámicas de la alienación en su propio terreno, hacerse ver.

Durante décadas hemos denunciado el espectáculo como una especie de mal absoluto, de enemigo a combatir: la percepción de un mundo tergiversado, el flujo frío que paraliza la experiencia física, la dependencia de la Voz del Amo... El espectáculo no son los medios, es un modo de percepción presente en todas las épocas vinculado al ejercicio de la dominación. En relación con esta función social, han cambiado históricamente sus contenidos, sus formas, sus mecanismos de imposición. Los medios de comunicación de masas, tanto en la forma concentrada (flujo homogéneo, control sobre los contenidos, desarrollo unidireccional) como en su forma difusa (múltiples fuentes de información, representaciones en pugna, caos) son un momento más de las formas históricas de este ejercicio de la dominación a través de la representación, la que corresponde al momento actual, en que precisamente el poder de la representación se ha hecho absoluto.

Elvis Pérez
¿Cómo pueden combatirse las representaciones que sustentan el ejercicio actual de la dominación? Que el poder de la representación se haya hecho absoluto supone en primer lugar que nada significativo escapa a su lógica. Evadir esta lógica es un buen modo de condenarse al ostracismo y una buena opción para los anacoretas. Enfrentarla sin más, tratar de eliminar físicamente los actuales mecanismos de producción de sentido resulta simplemente inviable. Pero si la acción molecular fía toda su capacidad efectiva de transformación en el contagio, en la dispersión fractal de los memes, estamos aceptando en algún sentido esa lógica espectacular tal y como hoy se practica en la redes. Por eso es vírica. Un virus necesita a un hospedador, y la acción molecular difusa precisa para tomar cuerpo de amplificación mediática. No cuestiona estos medios, está concebida en última instancia para obtener cierta repercusión en ellos.

Podríamos justificarnos diciendo que los medios no son más que precisamente eso: medios. No fines, ni principios. Que sirvan de forma tan declarada al statu quo es algo comprensible ya que son herramientas de poder, y siempre los poderosos tienen las mejores herramientas; pero ello no supone que, como el lenguaje, no puedan asumir otros usos: habría que estudiar entonces la posibilidad de un uso emancipador de los medios. La contrainformación intenta desde hace tiempo hacer esto presentando contenidos alternativos que no son atendidos o son simplemente ocultados por la prensa del régimen. Tal empresa consigue su objetivo cuando la censura es el principal mecanismo de blindaje de la versión oficial, sacando a la luz los hechos vergonzosos o los aspectos vergonzosos de aquellos hechos que cuestionan la realidad impuesta. Hoy el régimen no son los gobiernos, sino los mercados que los manipulan, y su visión sesgada del mundo ya no está basada en la censura, sino en la multiplicación de la información. Situarse en su terreno, tomar simplemente las armas es por supuesto un recurso testimonial imprescindible, pero insuficiente, toda vez que nos enfrentamos a un ejército mucho más poderoso, organizado y sin escrúpulos.

¿Y si aceptamos que los medios pueden funcionar además como principios, y que en tal medida pueden transformarse en fines? Principios de “realidad” y voluntad de poder. Habrá entonces que desarrollar una práctica que cuestione de raíz sus fundamentos, capaz de desviar su lógica y de darle incluso otro sentido. Será ésta una práctica que, partiendo inevitablemente de estos medios, lleve inherente su propia crítica. Esto es lo que supongo que pretende una organización como Wikileaks cuando trata de romper el flujo controlado de información. 



El modelo sobre el que trabaja Assange es el de una conspiración autoritaria que, para conducir los acontecimientos, selecciona y estructura la información que será accesible a las masas a través de los grandes medios bajo su control, manteniendo en secreto aquella otra que pondría en evidencia sus verdaderos objetivos y que podría inducir a la resistencia. El objetivo no es tanto denunciar los hechos concretos que saca a la luz, satisfaciendo el sentido clásico de la contrainformación. Parece que éstos han deparado pocas sorpresas, y queda la sensación de que la cortina no se ha roto del todo. Lo que pretende Assange según sus palabras es inducir cambios en el comportamiento de las organizaciones que utilizan el secreto como arma, obligándolas a extremar sus cautelas de forma que el arma se vuelva contra ellas mismas.

Al aumentar el secreto sobre sí mismas, las organizaciones conspirativas complejas limitan su propia eficiencia interna. Las filtraciones existen porque hay infiltraciones, y cuanto más compleja y poderosa es una organización más susceptible es hoy de sufrirlas. Las motivaciones del infiltrado pueden ser muy variadas. Puede tratarse de un romántico activista disfrazado, pero más comúnmente se tratará de alguien que en algún punto deja de identificarse con la conspiración por alguna razón personal. Resulta cada vez más complicado manejar y coordinar las motivaciones de cada uno de los individuos implicados en ella. Con el aumento de complejidad y de porosidad de las sociedades modernas se trata de conducir las cosas al punto en que el secreto sea inviable, o cuando menos poco rentable como herramienta de poder.

Lo primero que Wikileaks hace mal es ponerse rostro. De pronto estamos ante una figura espectacular, un comunicador ciertamente atractivo, un héroe con sus luces y sus sombras del que se narran osadas gestas sexuales entre otras que lo han convertido en un fugitivo. Wikileaks se convierte así en parte del torrente espectacular que denuncia, deja de ser el mensajero para convertirse en la noticia, levanta especulaciones que poco tienen que ver con su misión. Bien, ya nos encontramos defendiendo la moralidad del señor Assange junto a las evidencias que hay sobre la mesa. 

Tampoco la imagen corporativa resulta muy afortunada: dos mundos que ocupan sendas esferas de un reloj de arena. La información gotea desde el mundo de arriba alimentando y redimiendo al de abajo. La información es poder, por lo tanto su fuente es el poder. Toda realidad, toda construcción del mundo tiene su origen en las altas esferas. No hay que provocar acontecimientos, basta apropiarse de la información que ahora nos viene servida en crudo, aunque seleccionada y aderezada por los de siempre.

Pues su concepción libertaria de la información no llega al punto de desmantelar su precio para dejar que rebote libremente en las redes. Tal cosa sería su suicidio como organización y como empresa. Por eso no produce perplejidad que prefieran ponerla en manos de quienes pueden pagarla, los medios corporativos de siempre que sabrán hacerla funcionar dentro del juego habitual de los intereses políticos. Hablamos a fin de cuentas de una empresa que trafica con un producto altamente especializado y con enorme proyección social: la mierda que circula a manos llenas por las cloacas del poder.

En realidad hasta el nombre es tramposo, pues Wikileaks tiene muy poco de wiki, es decir de recurso colaborativo, espontáneo y universalmente accesible. Se trata de una organización compleja en la que conspiran ánimos diversos, que tiene sus disidentes y debe tener también sus traidores. Lo que la diferencia de las organizaciones conspirativas es su apuesta radical por la transparencia en lugar del secreto. Pero al mismo tiempo debe proteger sus fuentes, apuntalar su subsistencia legal y económica, prever y desactivar las maniobras de los muchos enemigos que le saldrán al paso. Si todo eso lo lograse la transparencia los niños gobernarían el mundo con la asistencia de algunos poetas borrachos. Por ello su apuesta por la transparencia no debe tomarse como principio, y por tanto tampoco dar por supuesta su inmunidad a la filtración. 

Wikileaks no es una utopía. Ni siquiera es la expresión avanzada del gran cambio que se encuentra en proceso, sino su contratipo espectacular más afortunado. Su aparición no ha sido inútil, pues ha desplazado un poco el campo de la batalla. El resultado es que todo será ahora aún más retorcido.
Entrevista a Pascual Serrano, autor del libro Traficantes de información