12/24/2009

Tengo un pasajero


La cara A de aquel disco publicado por Parálisis a principios de los ochenta para una de las primeras compañías independientes de un movimiento en ciernes llamada Tres Cipreses, especializada en grupos siniestros, expresaba el ideal de “independencia” de una generación. Cabría esperar que, a la salida de una dictadura y con numerosas transformaciones sociales en curso, que apuntaban a una liberación de las normas y las costumbres, dicho ideal estuviese motivado por un deseo de libertad, como tantos otros productos musicales de la época. Lo inquietante es que el sentido de esta independencia irónicamente idealizada apuntase más bien a la necesidad de aislarse, de no participar ni aceptar compromisos, de consumirse a solas sin que nadie nos moleste salvándonos. El flujo de cambios ya había empezado a generar para muchos más incertidumbre que esperanza, y la necesidad de blindarse ante el posible contagio ya empezaba a tomar cuerpo. La cara B era efectivamente una cara B, es decir, la cara oculta de la misma canción. El miedo al otro que puede destruirme se expresa de una forma más sutil como miedo a perder la identidad, a no poseerla siquiera, a no ser yo, sino el “alien” que se apodera de mí. El Horla retorna insidiosamente en pequeñas partículas. Cualquier intento de comunicarme puede derivar en contagio. El espejo se apodera de mí.


La aparición de nuevas tecnologías, esa revolución electrónica en la que Burroughs descubre “la continuación del juego de la guerra”, ha hecho del miedo algo tan cotidiano que ni siquiera lo percibimos. Los fantasmas se multiplican hoy en la misma medida en que lo hacen los instrumentos de transmisión y las realidades codificadas a través de los mismos. El vídeo, la electrónica, las redes han invadido ahora el espacio privado de la misma manera que el cine había hecho lo propio con el espacio público. Lo otro ya no es sobrenatural, sino espantosamente real, de forma que el miedo se ha apoderado del mundo y lo construye a su medida. Los vaivenes de la Bolsa, las explosiones terroristas, los escándalos no necesitan sustraerse de ninguna trascendencia porque la generan por sí mismos en la mediación, y no existirían sin ella. Es la Comunicación la que genera toda esta violencia. Antes, la irrupción de lo Otro desde el otro mundo era algo excepcional; hoy vivimos en estado de excepción permanente.

El “Virus” es el paradigma del miedo en las nuevas mediaciones, a la vez que el Gran Motor de las mismas. Es El Que Se Manifiesta al final de esta historia de terror, y lo hace como El Que Siempre Ha Estado Presente. Ahora comprendemos que el Aparecido no era sino una proyección de un agente oculto en el organismo y el Vampiro un mero transmisor de información; ahora contemplamos las invasiones, las posesiones, la incertidumbre de otra manera. Su período de latencia ha transcurrido y hoy se manifiesta obscenamente en la anomia absoluta y el desarraigo de los seres. La posibilidad de contraer al Otro, percibida constantemente como el terror absoluto que amenaza la estabilidad del sistema, es hoy sentida como una presión invisible que amenaza nuestra presunción de Identidad, y lo hace desde ella misma.


Extractos de "Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo", trabajo realizado para el catálogo de la exposición de Muntadas
La construcción del miedo y la pérdida de lo público (2007). El programa de Radio Círculo Una línea sobre el mar ha realizado recientemente un montaje a partir de este texto.

2 comentarios:

Hernán dijo...

Parálisis es de lo mejor. Benavente me encanta, un james dean gótico, olvidado en el armario de los genios adolescentes (*aquí lagrimita nostálgica*)

En cuanto a lo que dices del virus... tengo mis dudas. Sí que se oye que los norteamericanos viven en un terror constante, pero... ¿nosotros? No lo sé, algunos fenómenos parecen indicar lo contrario.

El sida: llega un virus realmente fatal y en realidad hacen falta campañas y campañas a lo largo de los años para que la gente use el preservativo... Si vivieréramos presas del miedo a la contaminación, ¿qué más fácil y barato que un simple condón?

La gripe A: ni con todos los medios propagando la alarma se ha logrado causar el pánico respecto a un contagio por la respiración... Se han devuelto las vacunas pues han sobrado; la gente no ha usado máscaras ni ninguna medida de asepsia...

En fin... no se, ya digo, no he pensado mucho en ello. Ahora, un terror así muy visible por el contagio de enfermedades, por el contacto con los emigrantes, con sus restaurantes, por el contagio sexual... un terror así muy visible está claro que no lo hay, ¿no?

tipo gris dijo...

hey, pues es cierto que las cosas parecen estar cambiando en ese sentido, el espectador red no se parece tanto a la víctima de la carroña informativa de por ejemplo los ochenta, que es cuando eduardo cantaba esto, y cuando nos la metieron doblada con lo del sida, pero sigue siendo una estrategia del poder la búsqueda del control a través de la difusión del miedo (bajo un paradigma diferente) y creo que precisamente el que el cuento de la gripe a no haya calado se debe a la acción del bloggers, frikis y monjitas. no está de más seguír reflexionando sobre ese miedo diseminado por alguien que todavía justifica la instalación de cámaras en lavapiés, por poner un ejemplo banal.
y si te digo la verdad hernán, yo lucho contra mi miedo.