12/28/2009

Cartel en el casco viejo


El día 7 de octubre de 2009 aparecieron unos carteles en diversas calles del centro de Logroño firmados por la Federación de Empresarios Riojanos (FER), que proponían una contundente receta en forma de decálogo casi divino para salir de la crisis lo antes posible y de la mejor manera. Ese mismo día los sindicatos UGT, CC.OO. y algún otro habían movilizado a sus liberados y afines en una manifestación con el lema "trabajo decente para una vida decente".

Quince días después, el 20 de octubre, el presidente de la patronal riojana y su secretario general se presentan en comisaría para interponer una denuncia por usurpación de su imagen corporativa. Realizan también una rueda de prensa y publican un comunicado acusando de soslayo a los sindicatos de los hechos, y es tal su indignación con el contenido del cartel que deciden también colgarlo en Internet, dándole una difusión impensable para sus autores.

Por su parte, los sindicatos responden desde sus despachos a las llamadas de algunos periodistas. Se desvinculan de los hechos y van más allá, avisan de su deseo de encontrar a los responsables, atraparlos y denunciarlos. Según sus portavoces su objetivo es volver a negociar y asegurar un futuro de paz social. Además de en la prensa virtual, los periódicos impresos también recogen esta noticia, algunos incluso en portada.

El rifirrafe entre patronal y sindicatos continua unos días más. La UGT decide dar también una rueda de prensa que los periódicos recogerán en sus páginas al día siguiente: el cartel es obra de incontrolados que nada tienen que ver con la lucha sindical.

Fin de la pantomima. Por ahora.

[Nota extraída del boletín del Grupo Surrealista de Madrid El Rapto # 5, recién aparecido]
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12/24/2009

Tengo un pasajero


La cara A de aquel disco publicado por Parálisis a principios de los ochenta para una de las primeras compañías independientes de un movimiento en ciernes llamada Tres Cipreses, especializada en grupos siniestros, expresaba el ideal de “independencia” de una generación. Cabría esperar que, a la salida de una dictadura y con numerosas transformaciones sociales en curso, que apuntaban a una liberación de las normas y las costumbres, dicho ideal estuviese motivado por un deseo de libertad, como tantos otros productos musicales de la época. Lo inquietante es que el sentido de esta independencia irónicamente idealizada apuntase más bien a la necesidad de aislarse, de no participar ni aceptar compromisos, de consumirse a solas sin que nadie nos moleste salvándonos. El flujo de cambios ya había empezado a generar para muchos más incertidumbre que esperanza, y la necesidad de blindarse ante el posible contagio ya empezaba a tomar cuerpo. La cara B era efectivamente una cara B, es decir, la cara oculta de la misma canción. El miedo al otro que puede destruirme se expresa de una forma más sutil como miedo a perder la identidad, a no poseerla siquiera, a no ser yo, sino el “alien” que se apodera de mí. El Horla retorna insidiosamente en pequeñas partículas. Cualquier intento de comunicarme puede derivar en contagio. El espejo se apodera de mí.


La aparición de nuevas tecnologías, esa revolución electrónica en la que Burroughs descubre “la continuación del juego de la guerra”, ha hecho del miedo algo tan cotidiano que ni siquiera lo percibimos. Los fantasmas se multiplican hoy en la misma medida en que lo hacen los instrumentos de transmisión y las realidades codificadas a través de los mismos. El vídeo, la electrónica, las redes han invadido ahora el espacio privado de la misma manera que el cine había hecho lo propio con el espacio público. Lo otro ya no es sobrenatural, sino espantosamente real, de forma que el miedo se ha apoderado del mundo y lo construye a su medida. Los vaivenes de la Bolsa, las explosiones terroristas, los escándalos no necesitan sustraerse de ninguna trascendencia porque la generan por sí mismos en la mediación, y no existirían sin ella. Es la Comunicación la que genera toda esta violencia. Antes, la irrupción de lo Otro desde el otro mundo era algo excepcional; hoy vivimos en estado de excepción permanente.

El “Virus” es el paradigma del miedo en las nuevas mediaciones, a la vez que el Gran Motor de las mismas. Es El Que Se Manifiesta al final de esta historia de terror, y lo hace como El Que Siempre Ha Estado Presente. Ahora comprendemos que el Aparecido no era sino una proyección de un agente oculto en el organismo y el Vampiro un mero transmisor de información; ahora contemplamos las invasiones, las posesiones, la incertidumbre de otra manera. Su período de latencia ha transcurrido y hoy se manifiesta obscenamente en la anomia absoluta y el desarraigo de los seres. La posibilidad de contraer al Otro, percibida constantemente como el terror absoluto que amenaza la estabilidad del sistema, es hoy sentida como una presión invisible que amenaza nuestra presunción de Identidad, y lo hace desde ella misma.


Extractos de "Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo", trabajo realizado para el catálogo de la exposición de Muntadas
La construcción del miedo y la pérdida de lo público (2007). El programa de Radio Círculo Una línea sobre el mar ha realizado recientemente un montaje a partir de este texto.