11/25/2009

La Internacional Situacionista, "fogonazo" de agitación revolucionaria


Texto publicado anteriormente en el periódico Diagonal, en su monográfico sobre mayo del 68.


La escalada de agitación revolucionaria que infectó el mundo desde mediados de los sesenta, y que alcanzó su momento culminante en los sucesos de Mayo del 68, no precisó seguramente para desencadenarse de un grupúsculo minoritario, fuertemente intelectualizado, embebido en una práctica tan avanzada que no encontraba una respuesta a la altura de los retos que establecía. Menos aún pienso que la Internacional Situacionista necesitase este estallido para confirmarse, proyectarse sobre teorías y movimientos futuros y, eventualmente, plasmar su ciclo en la historia y leyenda de los ciclos revolucionarios. Pero es cierto que pocos de los grupúsculos que promovían y participaban en las revueltas disponían de una conciencia tan elevada de lo que allí estaba pasando, y de un deseo tan firme de que pasase hasta el final.

No era el encuentro macrodialéctico de la idea con su forma. No era, ha quedado demostrado, un proceso irreversible, sin fisuras, como pretendían los propios situacionistas. La ambición marxista y hegeliana de capturar los pequeños grandes momentos de las pequeñas grandes historias en la Historia, que vale para Todos y no tiene segundas partes, les jugó una mala pasada. Pero es cierto que por un instante, fugaz e inconsistente (no extraigamos consecuencias), se produjo una conjunción maravillosa entre la idea de lo que allí pasaba y la teoría práctica de los situacionistas. Esta coincidencia se llama verdad: antaño una revelación, ayer una iluminación, hoy un simple fogonazo. No todos quedaron deslumbrados. Es difícil recrear hoy esta potencia.

La situación desencadenada en M68, que tuvo alcance internacional, lo que más allá de los debates que suscita demuestra su necesidad, su carácter espontáneo, parecía diseñada por los situacionistas. Ellos estaban preparados para ella, y ellos la habían preparado, hiciese o no falta. Disponían de la teoría, desarrollada a través de una década de formulaciones de experiencias prácticas en su revista y en dos libros que habían alcanzado cierta difusión en los ámbitos que hoy llamaríamos “alternativos”: La sociedad del espectáculo, de Debord, que desarrolla en clave marxista la crítica más profunda y certera de la sociedad mediatizada (un precursor que no ha hecho sino ampliar sus perspectivas) y el Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, de Vaneigem, un intento de presentar en clave idealista, es decir radical, el modelo de vida que nos espera más allá de la mercancía, si lo habrá.

Era conocida su disposición a implicarse, para llevarla más lejos, en cualquier manifestación de rebeldía espontánea en la que pudiesen leer los signos de un cambio posible (“allí donde había fuego, nosotros llevábamos la gasolina”): en 1965, la sección danesa de la I.S. fue identificada por los servicios secretos como foco de provocación e instigación de la revuelta civil contra las maniobras militares comunes que pretendían llevar a cabo los ejércitos alemán y danés; en 1966 provocaron, en colaboración con los representantes de alumnos, el escándalo de la Universidad de Estrasburgo, la primera manifestación europea de la revuelta estudiantil y un precedente claro de los sucesos de 1968, mediante la redacción del panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil... con fondos públicos. Por otro lado, pero no finalmente, grupos de estudiantes de Nanterre influidos por los situacionistas estuvieron calentando el ejercicio académico poco antes del estallido de las revueltas de mayo.

Su participación en los sucesos estuvo asimismo a la altura de lo que las circunstancias reclamaban: estuvieron presentes en la ocupación de la Sorbona, constituyendo junto a sus simpatizantes un comité de acción que buscó en todo momento la vinculación del movimiento estudiantil con las fábricas, utilizaron para ello el desvío de todos los medios que la universidad ponía a su disposición (imprenta, radio, etc.), optaron siempre por la radicalización del movimiento, y sus consignas escritas sobre los muros y las paredes de la universidad se convirtieron en el alma del mismo, su identidad y su poesía. Pero, sobre todo, los situacionistas fueron los que mejor supieron captar la atmosfera de la “nueva época” y justificar la contestación que surgía con ella. Cuando el vértigo del movimiento de las ocupaciones sacudió más incluso a propios que a extraños, Debord podía vanagloriarse, en un artículo sobre el mismo publicado en el número 12 de la revista (“El comienzo de una época”) de haberlo anunciado meses antes.

Pese a que su influencia en los sucesos no resultase determinante, el deseo de los situacionistas y el espíritu de los nuevos tiempos se fundieron en el resplandor de mayo del 68. Fue su kairós,el momento por el que habían trabajado y tras el cual su pervivencia como grupo iba a perder todo su sentido. Por ese motivo, mayo del 68 marcó también, al mismo tiempo, su límite como movimiento organizado.

Guy Debord: La sociedad del espectáculo, filme donde presenta de otro modo las tesis de su principal libro

Archivo Situacionista Hispano

Los textos íntegros de la revista Internationale Situationniste en castellano han sido editados en tres volúmenes por Traficantes de Sueños, col. Literatura Gris

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