11/29/2009

Utopía o quiebra

El fragmento que sigue está extraído de la introducción al libro El placer de la revolución, de Ken Knabb (The Joy Of Revolution), editado en castellano recientemente por Aldarull Edicions.

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"Nunca se ha dado en la historia un contraste tan chocante entre lo que sería posible y lo que se da realmente.

Basta hoy examinar todos los problemas del mundo, la mayoría de los cuales son bien conocidos, y meditar sobre ellos no tiene normalmente otro efecto que hacernos menos sensibles a su realidad. Pero aunque seamos “suficientemente estoicos para soportar las desgracias de los demás”, a la larga el deterioro social presente nos afecta a todos. Quienes no padecen represión física directa tienen que soportar aún las represiones mentales impuestas por un mundo cada vez más mediocre, estresante, ignorante y feo. Quienes escapan de la pobreza económica no pueden escapar del empobrecimiento general de la vida.

Y ni siquiera a este nivel mezquino puede ya continuar ésta. La destrucción del planeta por el desarrollo mundial del capitalismo nos ha llevado a un punto en que la humanidad puede extinguirse en pocas décadas.

Y sin embargo este mismo desarrollo ha hecho posible abolir el sistema de jerarquía y explotación basado previamente en la escasez material e inaugurar una forma nueva y genuinamente liberada de sociedad.

Saltando de un desastre a otro en su camino a la demencia colectiva y el apocalipsis ecológico, este sistema ha desarrollado una inercia fuera de control, incluso para sus supuestos dueños. A medida que nos aproximamos a un mundo en el que no somos capaces de abandonar nuestros ghettos fortificados sin vigilantes armados, ni salir a la calle sin aplicarnos protección solar para no coger un cáncer de piel, resulta más difícil tomar en serio a quienes aconsejan mendigar unas cuantas reformas.

Lo que hace falta, creo, es una revolución democrática-participativa mundial que aboliría tanto el capitalismo como el estado. Admito que es mucho pedir, pero me temo que no bastará con ninguna solución de menor alcance para llegar a la raíz de nuestros problemas. Puede parecer absurdo hablar de revolución, pero todas las alternativas asumen la continuación del actual sistema, que es aún más absurdo."

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The Joy Of Revolution es un título que ironiza con un determinado género de literatura capitalista de divulgación sobre temas específicos para las masas, como una especie de manuales básicos de introducción a diferentes esferas de actividad (El placer de cocinar, El arte de la jardinería, El juego del bricolage, etc.). Ken Knabb realiza una adaptación irónica de este género para exponer en clave sencilla y accesible para todos su experiencia activística y las formas de acción que mejor se adaptan al momento presente. El libro puede adquirirse on-line a través de Acció Cultural y Traficantes de Sueños, así como en los puntos de distribución alternativa de todo el estado español.


Ken Knabb ha vivido en Berkeley desde 1965 y ha tomado parte en muchos acontecimientos radicales y contraculturales de los años 60. En 1969 conoció a los situacionistas y empezó a experimentar con sus tácticas, participando en varios grupos que se esforzaban por difundir la crítica situacionista en inglés. En 1976 publicó Bureau Of Public Secrets, revista de un sólo número cuyo concepto ha seguido sirviendo no obstante como marco de una actividad crítica y práctica que se extiende hasta hoy. En los años 80 tradujo una amplia selección de escritos situacionistas, escribió un libro sobre el escritor anarquista Kenneth Rexroth y empezó a explorar la práctica Zen. La editorial Literatura Gris publicó en 2001 una selección de textos suyos traducidos a castellano bajo el título Secretos a voces, todavía disponible en los mismos puntos de distribución.



11/25/2009

La Internacional Situacionista, "fogonazo" de agitación revolucionaria


Texto publicado anteriormente en el periódico Diagonal, en su monográfico sobre mayo del 68.


La escalada de agitación revolucionaria que infectó el mundo desde mediados de los sesenta, y que alcanzó su momento culminante en los sucesos de Mayo del 68, no precisó seguramente para desencadenarse de un grupúsculo minoritario, fuertemente intelectualizado, embebido en una práctica tan avanzada que no encontraba una respuesta a la altura de los retos que establecía. Menos aún pienso que la Internacional Situacionista necesitase este estallido para confirmarse, proyectarse sobre teorías y movimientos futuros y, eventualmente, plasmar su ciclo en la historia y leyenda de los ciclos revolucionarios. Pero es cierto que pocos de los grupúsculos que promovían y participaban en las revueltas disponían de una conciencia tan elevada de lo que allí estaba pasando, y de un deseo tan firme de que pasase hasta el final.

No era el encuentro macrodialéctico de la idea con su forma. No era, ha quedado demostrado, un proceso irreversible, sin fisuras, como pretendían los propios situacionistas. La ambición marxista y hegeliana de capturar los pequeños grandes momentos de las pequeñas grandes historias en la Historia, que vale para Todos y no tiene segundas partes, les jugó una mala pasada. Pero es cierto que por un instante, fugaz e inconsistente (no extraigamos consecuencias), se produjo una conjunción maravillosa entre la idea de lo que allí pasaba y la teoría práctica de los situacionistas. Esta coincidencia se llama verdad: antaño una revelación, ayer una iluminación, hoy un simple fogonazo. No todos quedaron deslumbrados. Es difícil recrear hoy esta potencia.

La situación desencadenada en M68, que tuvo alcance internacional, lo que más allá de los debates que suscita demuestra su necesidad, su carácter espontáneo, parecía diseñada por los situacionistas. Ellos estaban preparados para ella, y ellos la habían preparado, hiciese o no falta. Disponían de la teoría, desarrollada a través de una década de formulaciones de experiencias prácticas en su revista y en dos libros que habían alcanzado cierta difusión en los ámbitos que hoy llamaríamos “alternativos”: La sociedad del espectáculo, de Debord, que desarrolla en clave marxista la crítica más profunda y certera de la sociedad mediatizada (un precursor que no ha hecho sino ampliar sus perspectivas) y el Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, de Vaneigem, un intento de presentar en clave idealista, es decir radical, el modelo de vida que nos espera más allá de la mercancía, si lo habrá.

Era conocida su disposición a implicarse, para llevarla más lejos, en cualquier manifestación de rebeldía espontánea en la que pudiesen leer los signos de un cambio posible (“allí donde había fuego, nosotros llevábamos la gasolina”): en 1965, la sección danesa de la I.S. fue identificada por los servicios secretos como foco de provocación e instigación de la revuelta civil contra las maniobras militares comunes que pretendían llevar a cabo los ejércitos alemán y danés; en 1966 provocaron, en colaboración con los representantes de alumnos, el escándalo de la Universidad de Estrasburgo, la primera manifestación europea de la revuelta estudiantil y un precedente claro de los sucesos de 1968, mediante la redacción del panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil... con fondos públicos. Por otro lado, pero no finalmente, grupos de estudiantes de Nanterre influidos por los situacionistas estuvieron calentando el ejercicio académico poco antes del estallido de las revueltas de mayo.

Su participación en los sucesos estuvo asimismo a la altura de lo que las circunstancias reclamaban: estuvieron presentes en la ocupación de la Sorbona, constituyendo junto a sus simpatizantes un comité de acción que buscó en todo momento la vinculación del movimiento estudiantil con las fábricas, utilizaron para ello el desvío de todos los medios que la universidad ponía a su disposición (imprenta, radio, etc.), optaron siempre por la radicalización del movimiento, y sus consignas escritas sobre los muros y las paredes de la universidad se convirtieron en el alma del mismo, su identidad y su poesía. Pero, sobre todo, los situacionistas fueron los que mejor supieron captar la atmosfera de la “nueva época” y justificar la contestación que surgía con ella. Cuando el vértigo del movimiento de las ocupaciones sacudió más incluso a propios que a extraños, Debord podía vanagloriarse, en un artículo sobre el mismo publicado en el número 12 de la revista (“El comienzo de una época”) de haberlo anunciado meses antes.

Pese a que su influencia en los sucesos no resultase determinante, el deseo de los situacionistas y el espíritu de los nuevos tiempos se fundieron en el resplandor de mayo del 68. Fue su kairós,el momento por el que habían trabajado y tras el cual su pervivencia como grupo iba a perder todo su sentido. Por ese motivo, mayo del 68 marcó también, al mismo tiempo, su límite como movimiento organizado.

Guy Debord: La sociedad del espectáculo, filme donde presenta de otro modo las tesis de su principal libro

Archivo Situacionista Hispano

Los textos íntegros de la revista Internationale Situationniste en castellano han sido editados en tres volúmenes por Traficantes de Sueños, col. Literatura Gris

11/21/2009

Rap rural



Ronin TSA es el grupo rap conquense cuya tema "Necesidad impuesta" es de hace un año la sintonía del programa "La Loca del Llano", que dirige Ramona Fernández los viernes a las 11 en Loca FM La Mancha, donde este blog dispone de un espacio cada quince días para expresarse en libertad.

Y Non Tacha es otro grupo de rap que participa de lo parece ya un movimiento de rap en QNK, con una personalidad rural muy marcada e impactante. ¿Tendremos que hablar algún día de una escuela de rap manchega con carácter propio? Si esto llega a ocurrir, estos dos grupos serán su leyenda.

Y de paso os enteráis de que Cuenca existe.

11/10/2009

Propuestas para una reforma de los derechos de autor

Son notas dispersas para una reforma de la Ley de Derechos de Autor, de existir algo sustancial que se denominase así, o para una Declaración Universal de los Derechos del Autor, ampliables, enmendables y condicionadas a la existencia de tal autor.

1. La libertad no es un fin: es la condición, y no el resultado, de la actividad reflexiva y de la producción cultural. La definición de este campo y de sus parcelas específicas, ciencias, artes, religión, política, etc. como mero reflejo ideológico de las condiciones materiales está ligada a la falta de libertad. El ámbito intersubjetivo de la comunicación y de la producción de sentido no admite propietarios.

2. Es autor cualquiera que no se limite a reproducir su legado ideológico y cultural, sino que trate de interaccionar con él de forma creativa, aunque sólo sea realizando funciones de selección de estímulos y de difusión de ideas. El uso de la facultad crítica es un rasgo de autoría. Los espectadores no se someten a los discursos programados para ellos, sino que les aportan sentido.

3. El autor ideal dispone de plena autonomía para manejar el magma ideológico heredado y los códigos en que se escribe. El autor ideal sabe que debe su plena autonomía a los contenidos de su cultura y a su aptitud para los códigos. El autor ideal no existiría en ningún caso, aunque no sufriese los condicionamientos políticos y económicos que de todos modos sufre. Todo autor tiene derecho a una perspectiva. Ningún autor será obligado a ser ideal.

4. El público ideal supone al autor un único compromiso: la búsqueda de la correspondencia ideal entre contenido y forma; y una única limitación: su criterio particular. El público ideal es autor, a su vez, por lo que sólo acepta a su vez su propia limitación. El público ideal no existe, sino que existe en su lugar el mercado, pero de existir no aceptaría ningún otro condicionamiento sobre el autor proveniente del medio en que se expresa o del capital que lo mantiene. La figura del autor no es negociable.

5. Todo autor tiene derecho a ser leído, revisado, descifrado, criticado y malentendido no sólo por sus seguidores y amigos, sino por cualquiera que desee hacerlo, aún por aquellos que se encuentran distantes para acceder a sus producciones materiales, aún por aquellos que no pueden permitirse caprichos, aún por aquellos a quienes no interesa lo suficiente.

6. Ningún autor, independientemente de su fama, premios o fortuna, será obligado a renunciar a la publicidad del boca a boca, ni a la replicación vírica de su mensaje por cualquier procedimiento digital o analógico. Todo autor tiene derecho a "librarse de su editorial y de su agente" sin "saltar desde una azotea".

7. Ningún autor verá menoscabados sus derechos humanos. A ningún humano se le negará su condición de autor. Nadie se verá excluído del juego de la representación.