1/23/2009

Obama Superstar ó ¿Quién demonios es Barak Obama?

Todo el mundo habla del cuadragésimocuarto presidente de los Estados Unidos de América. Todo el mundo espera mucho de él, excepto los que ya no esperan. En medio de la debacle, ha llegado el bueno de la película. Pataleo histérico e histórico en el patio de butacas. Los medios han encontrado al personaje capaz de reactivar las audiencias, y han reconstruído la esperanza sin la cual nadie se apuntaría al próximo capítulo. El capítulo cuarentaycuatro. Un presidente cuya efigie ya es historia del arte pop, como la del Ché Guevara, convertido en leyenda antes de empezar a existir, como las promesas asesinadas. Ahora bien, ¿existe Barak Obama? ¿Estamos seguros de que no es un personaje de algún telefilme, una imagen animada al estilo de Mickey Mouse, con quien comparte el color y las orejas, o un Luther Blissett de las altas esferas, un hombre de paja para vender el producto, la tendencia, las nuevas consignas?

Sin duda, existe un ser humano que interpreta a Obama, pero ¿es Obama un ser humano? Y de serlo, ¿no habría sido ya destruído por toda la expectación, abducido en los círculos concéntricos del espectáculo? ¿No estaría ya agotado de ganar batallas antes de empezar a trabajar? ¿No habría ardido ya en medio de la euforia y la celebración, no estaría ya pervertido? Si de algo nos convencieron Clinton y Bush con sus errores fue de que eran humanos. Demasiado humanos. Algo que ningún presidente del mundo que se precie se puede permitir.

Sobrehumano o inhumano, Obama no se sale en cambio del guión. Un guión que quiere presentar ahora un giro inesperado, pero que era previsible. Tras la pérdida relativa de su poderío económico, que ya le disputan discretamente otras potencias, tras el fracaso y los desastres acumulados por los intentos de paliar esa pérdida mediante demostraciones terroristas de fuerza, tocaba ahora cambiar de estrategia: llama al poli bueno, presenta un rostro amable, hazte perdonar e incluso exaltar, recupera el papel del estado, da confianza a la gente para que arrime el hombro y levante esto. Ya sabemos quién manda, ahora negociemos, y si no volverán los oscuros halcones.

Es demócrata, ¿y qué? Ya hubo otros demócratas. Es necesario que todo cambie para que siga igual. El poder tiene dos piernas, y necesita las dos para no quedarse atascado. Bombardearán un poco menos allí que allá, seguirán imponiendo su criterio un poco más allá que allí, tomarán algunas medidas de control estatal para salvar al mercado, y si lo consiguen, que no va a ser, volverán a ceder a éste el descontrol: lo están deseando.

Es negro, ¿y qué? Yo no lo veo tan negro. Más negro era Colin Powell, el embustero oficial de la administración Bush, el justificador del ataque a Irak con armas de destrucción masiva basándose en la falacia de que el enemigo las poseía. ¿Y no era todo lo negra que se puede ser, negra como el futuro Condolezza Rice, guante de seda para la garra de acero? No veo el problema en que sea negro o blanca, guapo o fea. Ni tampoco la solución.

Es joven, ¿y qué? Todos somos hoy jóvenes y estamos libres de experiencia y de prejuicios. Por mí, como si quiere ser punki o hacer botellón en los jardines de la Casa Blanca. Además, si nos atenemos a la tendencia de los tiempos, ni siquiera es mujer, sino un individuo de género masculino, ¿y? Se llama además Husein, como Sadam, y Obama, casi como bin Laden, ¿y?

Una buena marca y una buena campaña. Ningún pronunciamiento antes de entrar en escena. Hay que hacerse el Esperado, aunque éste sea Godot, alguien sin entidad ni proyecto, sin una opinión decisiva. Hay que hacer visible el contraste para dar credibilidad al cambio. Por eso, antes de que Obama asuma la dirección se cometen todas las atrocidades, luego paran y aplauden el discurso de juramento. Una serie de medidas fulminantes e inevitables, como el cierre de Guantánamo, durante largo tiempo preparadas, proyectadas hacia la galería en los primeros días de mandato. Sobre la crisis confiesa que ni idea. 800.000 millones de dólares en su mayor parte destinados a salvar los bancos, el sector del automóvil, seguros y financiero. Un equipo asesor procedente al completo de las anteriores administraciones de Bush y Clinton, que ha liderado durante estos años el camino hacia el desastre. Ni una palabra sobre los conflictos mundiales en curso. Da la impresión de que Obama no tuviese mucho nuevo que ofrecer en ninguno de estos campos, salvo esperanza.

Y eso ya lo ha ofrecido en la campaña: ha reunido corazones, ha sido el corazón de la fiesta, ha funcionado como un revulsivo para la mortecina escena política y ha abierto una prórroga para el Gran Capital. Buena suerte. Porque ha pasado el tiempo de las promesas, de los discursos brillantes concebidos para ganar adeptos, los tiempos de Lincoln el abolicionista han pasado, los tiempos del grandfather Roosevelt han pasado, Martin Luther King y JFK han pasado. La alegre juventud de América ya ha pasado y tiene que enfrentarse ahora a la Decadencia. Habrá que tomar decisiones para seguir sosteniendo su liderazgo, y para ello tendrá que soportar presiones muy complejas. Ahí Obama no será más que el rostro convincenteque ilustrará los cálculos de los tecnócratas, los mismos que le elevaron al poder y gestionarán su imagen.

Barak Obama y su consorte ya han hecho su trabajo. Ahora empieza la gobernabilidad. Mañana será el desencanto. Porque Obama, quienes hablan a través de él y saben calcular el impacto emocional de sus discursos, no ha anunciado nada nuevo bajo el sol. El péndulo se mueve eternamente si no rompes el reloj, y no produce más que tiempo. Obama, lo sabemos porque nos lo están contando antes de empezar, es la cuadragésimocuarta mentira con la que pretenden salvar el tenderete, la cuadragésimocuarta propuesta de reforma destinada a remendar lo que no tiene remiendo.

No hay comentarios: