12/28/2009

Cartel en el casco viejo


El día 7 de octubre de 2009 aparecieron unos carteles en diversas calles del centro de Logroño firmados por la Federación de Empresarios Riojanos (FER), que proponían una contundente receta en forma de decálogo casi divino para salir de la crisis lo antes posible y de la mejor manera. Ese mismo día los sindicatos UGT, CC.OO. y algún otro habían movilizado a sus liberados y afines en una manifestación con el lema "trabajo decente para una vida decente".

Quince días después, el 20 de octubre, el presidente de la patronal riojana y su secretario general se presentan en comisaría para interponer una denuncia por usurpación de su imagen corporativa. Realizan también una rueda de prensa y publican un comunicado acusando de soslayo a los sindicatos de los hechos, y es tal su indignación con el contenido del cartel que deciden también colgarlo en Internet, dándole una difusión impensable para sus autores.

Por su parte, los sindicatos responden desde sus despachos a las llamadas de algunos periodistas. Se desvinculan de los hechos y van más allá, avisan de su deseo de encontrar a los responsables, atraparlos y denunciarlos. Según sus portavoces su objetivo es volver a negociar y asegurar un futuro de paz social. Además de en la prensa virtual, los periódicos impresos también recogen esta noticia, algunos incluso en portada.

El rifirrafe entre patronal y sindicatos continua unos días más. La UGT decide dar también una rueda de prensa que los periódicos recogerán en sus páginas al día siguiente: el cartel es obra de incontrolados que nada tienen que ver con la lucha sindical.

Fin de la pantomima. Por ahora.

[Nota extraída del boletín del Grupo Surrealista de Madrid El Rapto # 5, recién aparecido]
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12/24/2009

Tengo un pasajero


La cara A de aquel disco publicado por Parálisis a principios de los ochenta para una de las primeras compañías independientes de un movimiento en ciernes llamada Tres Cipreses, especializada en grupos siniestros, expresaba el ideal de “independencia” de una generación. Cabría esperar que, a la salida de una dictadura y con numerosas transformaciones sociales en curso, que apuntaban a una liberación de las normas y las costumbres, dicho ideal estuviese motivado por un deseo de libertad, como tantos otros productos musicales de la época. Lo inquietante es que el sentido de esta independencia irónicamente idealizada apuntase más bien a la necesidad de aislarse, de no participar ni aceptar compromisos, de consumirse a solas sin que nadie nos moleste salvándonos. El flujo de cambios ya había empezado a generar para muchos más incertidumbre que esperanza, y la necesidad de blindarse ante el posible contagio ya empezaba a tomar cuerpo. La cara B era efectivamente una cara B, es decir, la cara oculta de la misma canción. El miedo al otro que puede destruirme se expresa de una forma más sutil como miedo a perder la identidad, a no poseerla siquiera, a no ser yo, sino el “alien” que se apodera de mí. El Horla retorna insidiosamente en pequeñas partículas. Cualquier intento de comunicarme puede derivar en contagio. El espejo se apodera de mí.


La aparición de nuevas tecnologías, esa revolución electrónica en la que Burroughs descubre “la continuación del juego de la guerra”, ha hecho del miedo algo tan cotidiano que ni siquiera lo percibimos. Los fantasmas se multiplican hoy en la misma medida en que lo hacen los instrumentos de transmisión y las realidades codificadas a través de los mismos. El vídeo, la electrónica, las redes han invadido ahora el espacio privado de la misma manera que el cine había hecho lo propio con el espacio público. Lo otro ya no es sobrenatural, sino espantosamente real, de forma que el miedo se ha apoderado del mundo y lo construye a su medida. Los vaivenes de la Bolsa, las explosiones terroristas, los escándalos no necesitan sustraerse de ninguna trascendencia porque la generan por sí mismos en la mediación, y no existirían sin ella. Es la Comunicación la que genera toda esta violencia. Antes, la irrupción de lo Otro desde el otro mundo era algo excepcional; hoy vivimos en estado de excepción permanente.

El “Virus” es el paradigma del miedo en las nuevas mediaciones, a la vez que el Gran Motor de las mismas. Es El Que Se Manifiesta al final de esta historia de terror, y lo hace como El Que Siempre Ha Estado Presente. Ahora comprendemos que el Aparecido no era sino una proyección de un agente oculto en el organismo y el Vampiro un mero transmisor de información; ahora contemplamos las invasiones, las posesiones, la incertidumbre de otra manera. Su período de latencia ha transcurrido y hoy se manifiesta obscenamente en la anomia absoluta y el desarraigo de los seres. La posibilidad de contraer al Otro, percibida constantemente como el terror absoluto que amenaza la estabilidad del sistema, es hoy sentida como una presión invisible que amenaza nuestra presunción de Identidad, y lo hace desde ella misma.


Extractos de "Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo", trabajo realizado para el catálogo de la exposición de Muntadas
La construcción del miedo y la pérdida de lo público (2007). El programa de Radio Círculo Una línea sobre el mar ha realizado recientemente un montaje a partir de este texto.

11/29/2009

Utopía o quiebra

El fragmento que sigue está extraído de la introducción al libro El placer de la revolución, de Ken Knabb (The Joy Of Revolution), editado en castellano recientemente por Aldarull Edicions.

* * *
"Nunca se ha dado en la historia un contraste tan chocante entre lo que sería posible y lo que se da realmente.

Basta hoy examinar todos los problemas del mundo, la mayoría de los cuales son bien conocidos, y meditar sobre ellos no tiene normalmente otro efecto que hacernos menos sensibles a su realidad. Pero aunque seamos “suficientemente estoicos para soportar las desgracias de los demás”, a la larga el deterioro social presente nos afecta a todos. Quienes no padecen represión física directa tienen que soportar aún las represiones mentales impuestas por un mundo cada vez más mediocre, estresante, ignorante y feo. Quienes escapan de la pobreza económica no pueden escapar del empobrecimiento general de la vida.

Y ni siquiera a este nivel mezquino puede ya continuar ésta. La destrucción del planeta por el desarrollo mundial del capitalismo nos ha llevado a un punto en que la humanidad puede extinguirse en pocas décadas.

Y sin embargo este mismo desarrollo ha hecho posible abolir el sistema de jerarquía y explotación basado previamente en la escasez material e inaugurar una forma nueva y genuinamente liberada de sociedad.

Saltando de un desastre a otro en su camino a la demencia colectiva y el apocalipsis ecológico, este sistema ha desarrollado una inercia fuera de control, incluso para sus supuestos dueños. A medida que nos aproximamos a un mundo en el que no somos capaces de abandonar nuestros ghettos fortificados sin vigilantes armados, ni salir a la calle sin aplicarnos protección solar para no coger un cáncer de piel, resulta más difícil tomar en serio a quienes aconsejan mendigar unas cuantas reformas.

Lo que hace falta, creo, es una revolución democrática-participativa mundial que aboliría tanto el capitalismo como el estado. Admito que es mucho pedir, pero me temo que no bastará con ninguna solución de menor alcance para llegar a la raíz de nuestros problemas. Puede parecer absurdo hablar de revolución, pero todas las alternativas asumen la continuación del actual sistema, que es aún más absurdo."

* * *
The Joy Of Revolution es un título que ironiza con un determinado género de literatura capitalista de divulgación sobre temas específicos para las masas, como una especie de manuales básicos de introducción a diferentes esferas de actividad (El placer de cocinar, El arte de la jardinería, El juego del bricolage, etc.). Ken Knabb realiza una adaptación irónica de este género para exponer en clave sencilla y accesible para todos su experiencia activística y las formas de acción que mejor se adaptan al momento presente. El libro puede adquirirse on-line a través de Acció Cultural y Traficantes de Sueños, así como en los puntos de distribución alternativa de todo el estado español.


Ken Knabb ha vivido en Berkeley desde 1965 y ha tomado parte en muchos acontecimientos radicales y contraculturales de los años 60. En 1969 conoció a los situacionistas y empezó a experimentar con sus tácticas, participando en varios grupos que se esforzaban por difundir la crítica situacionista en inglés. En 1976 publicó Bureau Of Public Secrets, revista de un sólo número cuyo concepto ha seguido sirviendo no obstante como marco de una actividad crítica y práctica que se extiende hasta hoy. En los años 80 tradujo una amplia selección de escritos situacionistas, escribió un libro sobre el escritor anarquista Kenneth Rexroth y empezó a explorar la práctica Zen. La editorial Literatura Gris publicó en 2001 una selección de textos suyos traducidos a castellano bajo el título Secretos a voces, todavía disponible en los mismos puntos de distribución.



11/25/2009

La Internacional Situacionista, "fogonazo" de agitación revolucionaria


Texto publicado anteriormente en el periódico Diagonal, en su monográfico sobre mayo del 68.


La escalada de agitación revolucionaria que infectó el mundo desde mediados de los sesenta, y que alcanzó su momento culminante en los sucesos de Mayo del 68, no precisó seguramente para desencadenarse de un grupúsculo minoritario, fuertemente intelectualizado, embebido en una práctica tan avanzada que no encontraba una respuesta a la altura de los retos que establecía. Menos aún pienso que la Internacional Situacionista necesitase este estallido para confirmarse, proyectarse sobre teorías y movimientos futuros y, eventualmente, plasmar su ciclo en la historia y leyenda de los ciclos revolucionarios. Pero es cierto que pocos de los grupúsculos que promovían y participaban en las revueltas disponían de una conciencia tan elevada de lo que allí estaba pasando, y de un deseo tan firme de que pasase hasta el final.

No era el encuentro macrodialéctico de la idea con su forma. No era, ha quedado demostrado, un proceso irreversible, sin fisuras, como pretendían los propios situacionistas. La ambición marxista y hegeliana de capturar los pequeños grandes momentos de las pequeñas grandes historias en la Historia, que vale para Todos y no tiene segundas partes, les jugó una mala pasada. Pero es cierto que por un instante, fugaz e inconsistente (no extraigamos consecuencias), se produjo una conjunción maravillosa entre la idea de lo que allí pasaba y la teoría práctica de los situacionistas. Esta coincidencia se llama verdad: antaño una revelación, ayer una iluminación, hoy un simple fogonazo. No todos quedaron deslumbrados. Es difícil recrear hoy esta potencia.

La situación desencadenada en M68, que tuvo alcance internacional, lo que más allá de los debates que suscita demuestra su necesidad, su carácter espontáneo, parecía diseñada por los situacionistas. Ellos estaban preparados para ella, y ellos la habían preparado, hiciese o no falta. Disponían de la teoría, desarrollada a través de una década de formulaciones de experiencias prácticas en su revista y en dos libros que habían alcanzado cierta difusión en los ámbitos que hoy llamaríamos “alternativos”: La sociedad del espectáculo, de Debord, que desarrolla en clave marxista la crítica más profunda y certera de la sociedad mediatizada (un precursor que no ha hecho sino ampliar sus perspectivas) y el Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, de Vaneigem, un intento de presentar en clave idealista, es decir radical, el modelo de vida que nos espera más allá de la mercancía, si lo habrá.

Era conocida su disposición a implicarse, para llevarla más lejos, en cualquier manifestación de rebeldía espontánea en la que pudiesen leer los signos de un cambio posible (“allí donde había fuego, nosotros llevábamos la gasolina”): en 1965, la sección danesa de la I.S. fue identificada por los servicios secretos como foco de provocación e instigación de la revuelta civil contra las maniobras militares comunes que pretendían llevar a cabo los ejércitos alemán y danés; en 1966 provocaron, en colaboración con los representantes de alumnos, el escándalo de la Universidad de Estrasburgo, la primera manifestación europea de la revuelta estudiantil y un precedente claro de los sucesos de 1968, mediante la redacción del panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil... con fondos públicos. Por otro lado, pero no finalmente, grupos de estudiantes de Nanterre influidos por los situacionistas estuvieron calentando el ejercicio académico poco antes del estallido de las revueltas de mayo.

Su participación en los sucesos estuvo asimismo a la altura de lo que las circunstancias reclamaban: estuvieron presentes en la ocupación de la Sorbona, constituyendo junto a sus simpatizantes un comité de acción que buscó en todo momento la vinculación del movimiento estudiantil con las fábricas, utilizaron para ello el desvío de todos los medios que la universidad ponía a su disposición (imprenta, radio, etc.), optaron siempre por la radicalización del movimiento, y sus consignas escritas sobre los muros y las paredes de la universidad se convirtieron en el alma del mismo, su identidad y su poesía. Pero, sobre todo, los situacionistas fueron los que mejor supieron captar la atmosfera de la “nueva época” y justificar la contestación que surgía con ella. Cuando el vértigo del movimiento de las ocupaciones sacudió más incluso a propios que a extraños, Debord podía vanagloriarse, en un artículo sobre el mismo publicado en el número 12 de la revista (“El comienzo de una época”) de haberlo anunciado meses antes.

Pese a que su influencia en los sucesos no resultase determinante, el deseo de los situacionistas y el espíritu de los nuevos tiempos se fundieron en el resplandor de mayo del 68. Fue su kairós,el momento por el que habían trabajado y tras el cual su pervivencia como grupo iba a perder todo su sentido. Por ese motivo, mayo del 68 marcó también, al mismo tiempo, su límite como movimiento organizado.

Guy Debord: La sociedad del espectáculo, filme donde presenta de otro modo las tesis de su principal libro

Archivo Situacionista Hispano

Los textos íntegros de la revista Internationale Situationniste en castellano han sido editados en tres volúmenes por Traficantes de Sueños, col. Literatura Gris

11/21/2009

Rap rural



Ronin TSA es el grupo rap conquense cuya tema "Necesidad impuesta" es de hace un año la sintonía del programa "La Loca del Llano", que dirige Ramona Fernández los viernes a las 11 en Loca FM La Mancha, donde este blog dispone de un espacio cada quince días para expresarse en libertad.

Y Non Tacha es otro grupo de rap que participa de lo parece ya un movimiento de rap en QNK, con una personalidad rural muy marcada e impactante. ¿Tendremos que hablar algún día de una escuela de rap manchega con carácter propio? Si esto llega a ocurrir, estos dos grupos serán su leyenda.

Y de paso os enteráis de que Cuenca existe.

11/10/2009

Propuestas para una reforma de los derechos de autor

Son notas dispersas para una reforma de la Ley de Derechos de Autor, de existir algo sustancial que se denominase así, o para una Declaración Universal de los Derechos del Autor, ampliables, enmendables y condicionadas a la existencia de tal autor.

1. La libertad no es un fin: es la condición, y no el resultado, de la actividad reflexiva y de la producción cultural. La definición de este campo y de sus parcelas específicas, ciencias, artes, religión, política, etc. como mero reflejo ideológico de las condiciones materiales está ligada a la falta de libertad. El ámbito intersubjetivo de la comunicación y de la producción de sentido no admite propietarios.

2. Es autor cualquiera que no se limite a reproducir su legado ideológico y cultural, sino que trate de interaccionar con él de forma creativa, aunque sólo sea realizando funciones de selección de estímulos y de difusión de ideas. El uso de la facultad crítica es un rasgo de autoría. Los espectadores no se someten a los discursos programados para ellos, sino que les aportan sentido.

3. El autor ideal dispone de plena autonomía para manejar el magma ideológico heredado y los códigos en que se escribe. El autor ideal sabe que debe su plena autonomía a los contenidos de su cultura y a su aptitud para los códigos. El autor ideal no existiría en ningún caso, aunque no sufriese los condicionamientos políticos y económicos que de todos modos sufre. Todo autor tiene derecho a una perspectiva. Ningún autor será obligado a ser ideal.

4. El público ideal supone al autor un único compromiso: la búsqueda de la correspondencia ideal entre contenido y forma; y una única limitación: su criterio particular. El público ideal es autor, a su vez, por lo que sólo acepta a su vez su propia limitación. El público ideal no existe, sino que existe en su lugar el mercado, pero de existir no aceptaría ningún otro condicionamiento sobre el autor proveniente del medio en que se expresa o del capital que lo mantiene. La figura del autor no es negociable.

5. Todo autor tiene derecho a ser leído, revisado, descifrado, criticado y malentendido no sólo por sus seguidores y amigos, sino por cualquiera que desee hacerlo, aún por aquellos que se encuentran distantes para acceder a sus producciones materiales, aún por aquellos que no pueden permitirse caprichos, aún por aquellos a quienes no interesa lo suficiente.

6. Ningún autor, independientemente de su fama, premios o fortuna, será obligado a renunciar a la publicidad del boca a boca, ni a la replicación vírica de su mensaje por cualquier procedimiento digital o analógico. Todo autor tiene derecho a "librarse de su editorial y de su agente" sin "saltar desde una azotea".

7. Ningún autor verá menoscabados sus derechos humanos. A ningún humano se le negará su condición de autor. Nadie se verá excluído del juego de la representación.

10/29/2009

Las revueltas que dicen que perdimos


Texto sobre las movilizaciones estudiantiles de 1986-87 en España y Francia publicado anónimamente en el libro Estudiantes, antiestudiantes, policía, prensa, poder (Madrid, Literatura Gris-Traficantes de Sueños, 2001). Recuperar el hilo rojo y preparar otro escenario.




Pertenezco a una generación objetivamente revolucionaria que no acertó a serlo efectivamente, porque no supo reconocerse en un pasado que le resultaba esencialmente extraño ni podía concebir el futuro más que como cuenta atrás. El olvido era generalizado, una marca de la época podríamos decir, pero más pronunciado en España, donde no sólo conspiraban a su favor las fuerzas de la modernización capitalista, sino que era oficialmente sancionado por el Estado, cuya estructura seguía sin embargo habitada por los fantasmas de su pasado reciente. Nosotros mismos hubiésemos querido correr, quemar etapas, dejar atrás la pesadilla, y en un tiempo récord saltamos del sonido "chapa" al afterpunk sin solución de continuidad. Pero no había hacia dónde correr, así que dimos varias vueltas al circuito de la moda y acabamos bailando sin movernos del sitio, o saltando al vacío. Se llamó "movida" a la puesta en circulación y al consumo acelerado de productos y actitudes culturales prescritas en otros sitios, como ejercicio reflejo de una transgresión ritualizada que dejaba de lado siempre lo esencial, y en este consumo artificial de tiempo perdido en conserva se nos fue casi todo el ímpetu. La droga, el paro, el sida, eran la cara b del vinilo, otros tantos efectos que esta época siniestra dispuso allí para nosotros y que tuvimos que encarar sin maestros ni libro de texto. Nuestros padres nos traicionaron o fueron demasiado débiles para hacerlo. Mi generación es también la del eterno jardín de infancia, la del trabajo-basura y los mil cursillos de capacitación para nada. Bocados de realidad envueltos en papelina. Pero ¿qué importan esos que tragaban y se quedaban en casa? Una generación no es lo que es generado, sino aquello que se genera en el curso de un momento. La generación está compuesta por los que actúan, unos todavía con esperanza, otros ya sólo con rabia.

Las situaciones de revuelta que se produjeron en 1986-1987 expresaban ante todo un estado fundamental de ausencia (de sujeto, de organización y sobre todo de perspectivas) que intervino tanto en su origen como en su disolución. Eran revueltas con causa, pero sin sentido. Y la causa tenía un alcance tan amplio que no existían las bases para que ese sentido se forjase sobre la marcha, con las necesidades de una lucha que no pudo expresarse más que negativamente: como desesperación y agonía, como odio y destrucción. Algunos progres se creían simpáticos aplaudiendo desde posiciones de poder lo que debían de entender como un signo de maduración democrática, el punto sin retorno de la apuesta por las libertades. Pero quienes sabían leer las condiciones particulares que propiciaron estas movilizaciones tenían de qué preocuparse. No eran efectivamente análogas a las del 68 (lo que no quiere decir que no respondiesen a la misma necesidad histórica), ante todo porque aquellas se produjeron en medio de un intenso movimiento contestatario a nivel mundial, en el que encontraban impulso y referencia, y de un vivo debate acerca de la reformulación del socialismo revolucionario que había impregnado la sociedad civil y se expresaba mediante la formación de innumerables grupúsculos. Las de 1986-1987 se desencadenaron sin embargo a partir de la descomposición de todo esto, con la izquierda secuestrada por el capital y las ilusiones enterradas bajo los escombros del comunismo decadente. Si los acontecimientos del 68 sorprendieron a la gran mayoría de quienes se vieron cuestionados por ellos, los del 86 surgieron sencillamente de la nada. Que la frustración, durante bastante tiempo reprimida y silenciada, se expresase de este modo, sin proyecto ni reivindicación concreta, era doblemente alarmante porque demostraba que el desgaste de las estructuras de la izquierda, burocracias parlamentarias, encuadramientos de los trabajadores, militancias históricas acomodadas en su derrota, no era capaz de canalizar ya las fuerzas de la contestación rebelde, y dejaba en consecuencia a éstas en libertad para constituirse a partir de su existencia concreta, sin rodeos ideológicos ni participación posible en ningún marco negociador.

La contradicción más profunda que suscitó aquellas revueltas no se daba por tanto entre las supuestas partes en litigio que se repartían los papeles en el drama virtual de la política, sino entre el propio conflicto y su precaria Normalización. Del mismo modo que para mí las protestas estudiantiles no eran sino una puesta en escena que había que denunciar en su raíz, llevando las cosas mucho más lejos de lo tolerable en cada una de nuestras acciones, nunca me hice la menor ilusión a propósito de su resultado. Como por lo demás tampoco era estudiante, porque la sociedad me había prohibido serlo, ni existía el Sindicato de Oficios Sumergidos (SOS), aquellas huelgas convocadas por quienes yo percibía como los "nuevos amos" no eran sino un contexto para plantear una puja con la que nadie contaba. Aislado, desesperado, no pude intervenir más que a título individual y crítico, es decir destructivo, con unas pretensiones tan descabelladas que a la mayoría parecían fuera de lugar. Pero en mis descabelladas pretensiones no me encontraba solo, y al margen de cualquier pretensión me encontré formando parte del foco más vanguardista de la revuelta.

Es hoy un lugar común decir que aquellos sucesos estuvieron exentos de significado, lo que he empezado por reconocer. Que constituyeron ecos sin sustancia de explosiones más puras. Que fuimos mediatizados y más mediatizados cuanta más violencia alcanzábamos a desplegar. Y, en fin, que no hicimos nada porque no había nada que hacer. Creo que es tan falso decir que no existía fundamento para hacer lo que hicimos como pensar que perdimos algo cuando no teníamos nada que jugarnos. No puedo sacar conclusiones morales que sirvan para todos de un episodio que se recorta sobre inmoralidad de mi tiempo como una reacción profundamente amoral y nihilista.

En el momento de recordar aquellos momentos sí me gusta subrayar los tres aspectos que personalmente más me han dado que pensar. El primero es que he vuelto a encontrarme en lo sucesivo, sin participar necesariamente en actividades comunes, con muchos rostros que vi allí por primera vez y con los que sólo intercambié consignas, de forma que mi vida parece haberse ido construyendo impremeditadamente en relación a estos rostros. El segundo es anecdótico, gamberro, injustificable para muchos, pero curioso en todo caso, y es que cuando estamos habituados a contemplar, sin que provoque ya más indignación que hastío, la imagen del policía que aísla al manifestante y lo reprime a toletazos, fueron varias las ocasiones en que la policía, que había desplegado el máximo de sus efectivos y de su violencia, se vio cercada, pateada y humillada por los manifestantes en las revueltas de 1986-1987. Un chaval exhibía, meándose de risa, los galones deshilachados de un cabo de los nacionales. El tercer y último aspecto es que, al margen de los resultados políticos, dimos un golpe mortal al "espectáculo de la movida" tomando su estrépito y su nihilismo por nuestra propia cuenta y descubriendo en el ejercicio de la “infancia liberada" la madurez que nos había negado la “infancia alentada y programada” por el nuevo paternalismo-patriarcalismo de izquierdas. Por fin pudimos reconocernos en algo propio, lo que equivalía a haber vivido, y con la misma impremeditación con que nos lanzamos a la calle nos vimos convertidos cuando todo había pasado en el “viejo topo” de la historia, que sólo vive para esperar una nueva oportunidad, capaz de nuevo de concebir un futuro; no porque lo haya, sino porque ha empezado a tener un pasado en el que reconocerse.


10/01/2009

Las putas palabras

La guerra es lenguaje ultrajado por la publicidad
usado como magia negra para el dominio del planeta.
Allen Ginsberg

Cuando faltan las palabras sólo queda el concurso (que no el recurso) de la violencia. Pero hace tiempo que las palabras nos vienen fallando, ya sea por nuestra falta de fe en ellas o por su propio carácter plástico, leve, tornadizo.

Al principio la palabra era dios y Dios se encarnó en ella. Era la materia del mundo y a la vez su arquitecto y su herramienta. Sin las palabras, el mundo no era más que un caos perruno donde no fraguaba el orden ni la libertad. La palabra nos abría el espacio del otro y nos permitía escapar de nosotros mismos.

Sobre ellas se consolidó también la memoria y la conciencia del tiempo en forma de leyenda o de relato con sentido. Y emprendieron el futuro, pues estaban llenas de proyectos.

Toda esta civilización incontrolable, para la que parece no haber palabras, tiene en ese polvo su átomo primordial. Y no solo una. Y todas ellas herederas únicas de las únicas palabras. Los ladrillos del muro se modelaron con el mismo barro.

No sabemos si la mentira nació con la palabra. Imagino que poco después, y no sin intermediación del error, pues la eficacia de las palabras no podía hacerse evidente más que en su correspondencia “sagrada” con la materialidad del mundo. Pero si las palabras nos traicionaban, si no eran cosas, entonces eran humo. Humo no: fuego donde abrasar al otro.

La conciencia del error y la mentira debieron librarnos del fanatismo, pero no fue así siempre y para todos. Las palabras fueron a misa y se hicieron últimas palabras. Ya no dialogaban: dictaban. Difícil no perderles el respeto. Difícil alzarse contra sus dueños sin renegar de ellas, sin partirles el corazón, sin maltratarlas.

Y junto a la mentira, la repetición, que desalma a las palabras y las deja a la intemperie. Y la repetición repetida, que crea verdades que en realidad son conjuros. Y la palabrería, reproducida huecamente en todas las bocas.

Nietzsche no podía imaginarse con una mujer con la que no pudiese estar hablando toda la vida. ¿Y de qué hablaríamos tanto tiempo, loca? ¿De filosofía? Me gusta también cuando estamos callados.

Las palabras sólo son palabras: sólo palabras. Hay un trecho. Son insuficientes para registrar lo sucedido y no bastan para producir un suceso. Así que las palabras son pura teoría, y hoy necesitamos gente de acción.

¿Qué hacer con las palabras en la sociedad del espectáculo, cuando una imagen vale más que mil de ellas?




Escucharlas, sin prejuicio ni ingenuidad. Aceptar lo que son, sin títulos de propiedad. La palabra marca una distancia imposible de derribar a golpes. Tomarlas en serio: no borrar nada, no hablar a lo tonto. No es preciso recuperar su sentido, ni su cifra oculta, ni su profundidad. Yo me conformaría con recuperar su materialidad. Las palabras son un tipo de cosas. Son palpables, tienen forma, duelen. Pueden cambiar el curso de los acontecimientos. Escritas en nuestro cuerpo, nos transcienden. Una mala palabra provoca una enfermedad: nos hacemos un lío y la energía deja de fluir. No aspiro a la palabra salvadora, sino a la palabra sanadora que vive en tí. Espero el retorno de las palabras de carne y hueso, porque ni siquiera esto puede ser el final.

Voy a decirlo solo una vez: hablar es comprometerse.

[Comic: Vida salvaje, de Elvis Pérez]

9/16/2009

No hemos visto nada





El texto siguiente se publicó en el número 1 de la revista Brumaria, noviembre de 2001. Las dudas que en él se exponen, y ante todo la percepción "disonante" que expresa, cobran cada vez mayor verosimilitud.


La noticia del terror no espera a mañana; se presenta como "última hora" suspendiendo el curso de la realidad programada. Irrumpe aullando en el plácido documental de sobremesa y se lleva por delante hasta los cortes publicitarios. No es objeto de contemplación, sino un cañón en la frente de la audiencia. Los medios avanzados de comunicación despliegan gracias al terror todo su potencial: instantaneidad, omnipresencia, condicionamiento.

El intervalo inferior a veinte minutos que medió entre ambos asaltos a las Torres Gemelas bastó para que las televisiones de todo el mundo se conectasen a un inmenso espectáculo de fuego. Una vez y otra, con hipnótica cadencia, la imagen fascinante de los impactos sobrepuesta a la agonía de edificios y personas. Y en menos de dos horas, la unidad de atención media de un largometraje, la tragedia se consumó y la catarsis alcanzó su punto álgido: los edificios cayeron de rodillas, el relato del histórico acontecimiento se descompuso en una corriente desbordada de ohes y ahes y la audiencia más espectacular de la historia palideció al unísono. Instantes después, un fundido de polvo y ceniza, el inmenso amasijo de escombros en la gótica desolación de la Zona Cero y un solar arrasado en las conciencias sobre el que ha empezado inmediatamente a edificarse el orden nuevo: nuevos odios, nuevos miedos, nuevas cicatrices culturales.

Esta irrupción catastrófica de realidad es innegable; lo habrá sido sobre todo para los hombres y mujeres atrapados en la cima del edificio. Y como sus consecuencias no dejarán de sentirse por doquier, esta realidad se impondrá finalmente a la humilde verdad de quienes paguen por ella. Insistir en estas circunstancias en el carácter mediático de lo que se ha visto va a parecer frívolo e insensato durante algún tiempo. Al igual que existe una economía de guerra que concentra los recursos y relanza las expectativas de crecimiento de las naciones, existe una cultura de guerra que concentra espectacularmente las ideas y alinea instintivamente cualquier juicio. Todo gira alrededor del mismo eje, y las utopías son más secundarias que nunca. Hay momentos, se dice, en que no se puede permanecer neutral, en que la indiferencia es traición y toda manifestación de crítica terrorismo. Ante todo, no está permitido dudar. La descarnada visión del desastre debe validar pruebas dudosamente confeccionadas y campañas sospechosamente oportunas. Y semejante exhibición de poder en pleno ejercicio nos señala el partido del más fuerte.

Pero no hay acto terrorista que no sea esencialmente un montaje. El rastro de sangre que deja es el tributo que paga lo viviente a la ideología que lo inspira. Se dice que en el acto terrorista retorna lo real destruyendo la ficción social de estabilidad y acuerdo, pero el terrorismo moderno va más allá de esta primitiva voluntad de hacer hablar a los mudos: quiere forzar lo real, configurarlo a partir de su gestión de la muerte "producida en serie" y explotada espectacularmente como cualquier otra mercancía. No combate unos medios rígidos y altamente concentrados, sino que calcula en función de la lógica de medios flexibles y perversos. Y lo hace tanto mejor cuanto puede disponer de ellos.

El atentado del 11 de septiembre, no reivindicado aún pasado un mes, no buscaba producir un desequilibrio local de fuerzas, sino cambiar en un instante nuestra percepción del mundo (y hacerlo globalmente, en todas las conciencias). Se ha llamado la atención acerca de su economía de recursos, de la elección de un escenario altamente simbólico, de la implacable secuencia de los acontecimientos, de su estudiada repercusión mediática. Es decir, de su cuidada escenografía. Se habla al mismo tiempo de "fanatismo" como fenómeno abstracto, y los que creen entender algo valoran el "odio" que mueve una acción suicida capaz de poner en peligro a la civilización en su conjunto. Esta imagen proletaria y salvaje de los "nuevos bárbaros" encaja en el esquema mítico de la campaña contra el "terrorismo internacional" bautizada como "libertad perdurable", con la que se trata de preparar a la población para una intervención a largo plazo y de gran alcance sobre todas las naciones y sobre todas las culturas; es decir, para un estado de excepción global, permanente e indefinido que se perfila ya como organización policial del "nuevo orden".Y evita también, ante todo, que busquemos las causas en esa misma civilización que se nos impone ahora defender a sangre y fuego, en su hibris tecnológica, en sus pretensiones de dominación, en su falta de escrúpulos.

Los cascotes han caído sobre todas las cabezas. Las defensas críticas de la población han sido mermadas por el impacto y se ha lanzado en medio del pánico el llamamiento a una guerra total sin objetivo definido. Bin Laden es sólo uno de los rostros del "mal" y cuenta sobre todo por lo que cuentan las imágenes, como demuestra el hecho de que el atentado al Pentágono no haya causado una impresión igual de profunda. Todo lo que hemos visto son las Torres ardiendo. Todo lo demás queda envuelto en columnas de humo.
Madrid, octubre de 2001


9/03/2009

Otro gurú

He descubierto que, como muchos otros, yo también soy una autoridad en la divulgación y el conocimiento de la actual crisis total, así que voy a autoentrevistarme en calidad de tal, con la esperanza de entrar en el heteróclito grupo de agoreros respetables, como el Niño Becerra o Leopoldo Abadía, y de esta forma asegurarme un lugar de privilegio desde el que contemplar condescendiente en el improbable futuro la exactitud de mis predicciones.

P. Hola Tu. Permíteme que te tutee.

R
. Claro, mujer, a estas alturas...

P
. Te llamo tu porque ambos somos muy conocidos, y además mutuamente jeje. Y porque no me has advertido cómo debo llamarte en esta ocasión.

R
. Cuando dices tu hablamos efectivamente de mucha gente, no toda ella respetable. Llámame Inexperto esta vez, todo el mundo lo apreciará.

P
. Genial. No sé si eres consciente de que tus afirmaciones tendrán un amplio eco, siempre y cuando sepamos envolverlas en un buen embalaje. ¿Qué podemos decir de tí para hacerte creíble? Yo puedo decir que eres una persona sensata, menos cuando bebes. Sin embargo tu dices que tus mejores ideas surgen cuando estas bebido...

R
. Vamos a ver, loca: hay cosas que están de sobra. Puedes presentarnos como "intelectual salvaje". Eso nos exhime de aportar ningún título ni medalla que serían testimonios de otras tantas traiciones. No somos filósofos de salón: vivimos en la puta mierda. Al presentarnos como Inexperto, garantizamos a quien nos escucha que no somos ningún Entendido, es decir que no somos en absoluto responsables de la situación que estamos atravesando. Eso ya es un valor ¿no crees? Niño también se fuma sus puros, y no descartamos que ello redunde en su lucidez. Al menos, resulta más lúcido que un padre de familia calvo analizando las páginas de Economía, tratando de parecerse él también a los pícaros y los enteradillos.

P
. Entiendo pues que lo que vienes a aportar a la reflexión sobre la crisis es la perspectiva del ciudadano de a pie, del damnificado por las decisiones de los de arriba...

R
. ¿Yo? No, nunca tuvimos capacidad suficiente para afrontar una hipoteca. Tampoco nos preocupó nunca mucho no estar hipotecadas, aunque ello nos hacía sentir diferentes, marginales, socialmente superfluos. Nosotros siempre estuvimos en crisis porque nunca hemos participado significativamente en las dinámicas de producción. En lugar de ello, pasamos a engrosar las listas de morosos. Nuestra situación actual es similar a la de hace diez años. Ahora nos sentimos, si acaso, más acompañados, más integrados, más comprendidos. Bien es cierto que los cascotes nos alcanzan a todos de alguna manera, y ya no queda un sólo amigo al que pedir dinero prestado. Pero no nos sentimos especialmente alcanzados por la situación presente, que no es para nosotros sino una confirmación de nuestra rutina cotidiana, una afirmación de nuestro concepto de normalidad. Ignorantes, siempre; pero tontos no... Siempre nos pusimos en lo peor, y lo peor ya está aquí.

P
. ¿Siempre?

R
. A finales de los ochenta decíamos: "hace años que hemos entrado en los terrenos de la economía-ficción. La autonomía del dinero con respecto a cualquier fuente de valor, la extracción de márgenes crecientes de plusvalía cada vez más virtuales, la especulación sobre futuros (créditos, seguros, fondos de pensión) llevarán al colapso total del sistema a principios del próximo milenio."

P
. ¿Eso lo has dicho tu?

R
. No sólo lo dijimos, sino que tratábamos de ilustrarlo con los mismos gráficos y argumentos que hoy utilizan algunos para explicar por qué era tan previsible que esto sucediera. Y en los noventa dijimos: "Los alegres ochenta, que en España han coincidido con transformaciones políticas ilusionantes, no solo han sido testigos de un abandono progresivo de los movimientos de emancipación y de cualquier tipo de compromiso político, sino de un cambio en las formas de dominación y control. En cierto modo recuerdan los felices años veinte. Vivimos y nos desenvolvemos en medio de una fantasía animada por el poder de la que despertaremos en el 92." Posteriormente fuimos capaces de prever con años de antelación el estallido de la burbuja tecnológica y a principios de 2007 nos sentimos capaces de escribir: "La crisis total a la que vamos a enfrentarnos puede acabar manifestándose como una crisis más honda de conciencia que dispare un cambio cultural. Unos y otros saben (...) que no se trata de una crisis del modelo, sino de una crisis de modelo. No es un proyectil desbocado ni un loco suelto: algo falla en los cimientos del edificio. Nuestra concepción del mundo, los fundamentos de nuestra experiencia, el valor y el sentido de las cosas habrán de ser revisados." Finalmente, el año pasado abrimos este blog para pasar revista al desastre y tratar de darle algún sentido. Por una parte nos sentimos complacidos de que los hechos hayan obedecido a nuestras previsiones, pero nos acojona tener tanta razón, y no dejamos de preguntarnos con inquietud cuál será nuestra próxima clarividencia.

P
. Tampoco hacía falta ser un lince...

R
. No hacía falta ser un lince, se trataba únicamente de no ser un especialista y de no tener el criterio hundido en conocimientos parciales. Se trataba de no haber empeñado al diablo nuestro "sentido de realidad". Mi teoría es que todos lo sabíais, pero os callábais como putas, porque quién más o quién menos, formábais parte de la "camorra consumista" y teníais algún ladrillo invertido en esta pirámide sin cimientos. Era fácil darnos la razón como a los locos, con media sonrisa dibujada en el rostro, a pesar de lo cual nadie quería llegar tarde. Os decíais: "algún día alabaremos tu criterio, pero hoy queremos darnos otro chapuzón en Disneylandia. ¿Quién sabe cuándo llegará 2010?" Nadie quiere ser apóstol del caos.

P
. ¿Cuál era la base que os permitía hacer esas afirmaciones?

R
. El capitalismo es una máquina de producir valor, pero para mantenerse en combustión necesita quemar algo. Durante algún tiempo pudo basar su crecimiento en la producción de bienes industriales de consumo para las masas gracias a los avances técnicos. Pero ni siquiera la creciente aplicación de estos avances podía colmar la dinámica exponencial del beneficio capitalista, que en 1929 topó ya con sus límites. El sistema no debió recuperarse de aquel percance, ya que indicaba, por así decir, el cumplimiento acabado del ciclo que estaba inscrito en su naturaleza. Pero había demasiados intereses en juego: una serie de medidas intervencionistas, una guerra purificadora y un cambio absoluto de las reglas consiguieron resucitar décadas después el cadáver, aunque ya convertido en fantasma. En efecto, ya no hablamos de un sistema basado en la producción industrial de mercancías tangibles, sino en la especulación, es decir, en la extracción de márgenes crecientes de plusvalía mediante operaciones financieras. Especulación viene de espejo, y el espejo proyecta una realidad multiplicada, pero sólo aparente. El capitalismo financiero supo desarrollarse y crecer desde mediados de siglo en base al saqueo de los recursos materiales, el expolio de la tradición, la apertura de nuevos mercados, la generación de nuevas necesidades y la puesta en marcha de empresas bélicas cuyo único objetivo era tranquilizar a los brokers. Llevamos casi un siglo tuneando la tartana, y ya no queda leña con la que alimentar el fuego del valor elevado a sí mismo. Hacia los años ochenta, treinta siglos de civilización han ardido en la las llamas del progreso sostenido y comienzan a explorarse los terrenos pantanosos del futuro en busca de algo que llevar a la hoguera. Las operaciones especulativas se proyectan hacia una dimensión temporal puramente supuesta, crece de forma desorbitada el crédito, se venden y compran futuros empaquetados al gusto de la moda de hoy a medida que la precariedad aumenta y el ahorro se convierte en una quimera.

P
. ¿Cómo es que tu podías prever este escenario y los gestores que mantenemos con nuestros impuestos no? ¿Dónde estaban los intelectuales y los artistas?

R
. ¿Te llega codificado mi discurso? Todo el mundo sabía que, tarde o temprano, el sistema iba a implosionar. Mira a tu corazón y ráscate la nariz. Vivimos en un presente perpetuo que nos impide manejar con fluidez los relatos. Los políticos están más preocupados por explotar la situación presente que por buscar soluciones a medio o largo plazo. No ven más allá del lustro que les corresponde, y ajustan sus planes a optimizar los resultados electorales en base a dinámicas que ni siquiera alcanzan a ser reformistas, porque se mueven dentro de márgenes de actuación cada vez más estrechos. En cuanto a los intelectuales, han estado demasiado ocupados con su identidad sexual y con las posibilidades de gestión de su ocupación autónoma. Tienen una posición cómoda y un puesto agradecido, así que apuestan por planteamientos reformistas de corto recorrido, en vez de afrontar radicalmente los problemas con perspectivas amplias. Nuevamente, quienes tienen algún lugar en el sistema improductivo son los menos capacitados para mirar las cosas desde fuera. Toda representación separada surgida del actual esquema de valores, ya sea política o estética, mantiene algún tipo de compromiso con él.

P
. ¿Cómo valoras los signos de recuperación que se han dado en los últimos meses?

R
. Son una fase más en el proceso de descomposición del sistema. No estamos frente a una crisis, sino frente al final de un ciclo: no frente a un momento, sino frente a un proceso. Las burbujas estallan, pero el globo se desinfla, y esto es lo más preocupante: nos estamos quedando sin aire para inflar más burbujas. Era previsible que se produjese algún repunte ocasional que no es sino un reflejo especular de la inercia especulativa, una huída hacia adelante. Están quemando los recursos propiciados por la expropiación estatal del ciudadano sin ninguna solución de futuro, sin emprender ninguna reforma. No se corresponde con la economía real, con la situación de los amigos y de la gente del barrio, con las cifras de empleo, con la deflación y la falta creciente de oportunidades. Es una situación que prefigura un nuevo desplome que tampoco será definitivo.



P. ¿Hay salida?

R
. Hay que atravesar la puerta que tiene el rótulo "salida", exit en inglés, pero hay que hacerlo con naturalidad y sin aturullarse. Por el momento, seguimos comportándonos como los personajes de El ángel exterminador, incrédulos de nosotros mismos. Hay dos claves sobre las que me gustaría insistir, que constituyen, por decirlo así, nuestra aportación a la reflexión sobre la situación actual. Una viene apuntada ya en mi cita anterior: la crisis total se revelará como una crisis más honda de conciencia y disparará un cambio cultural. No podemos salir de ella sin cuestionar nuestras percepciones, nuestros criterios, nuestras actitudes. No se trata, como parecen sugerir algunos teóricos del desastre, de buscar simplemente responsables y cambiar a unos sinvergüenzas por otros: el sistema seguirá produciéndo sinvergüenzas de forma endémica, y son ellos quienes producen el espejismo (especulismo) de su prosperidad. Por otro lado, no podemos partir de planteamientos individualistas. El misterio de la puerta de salida es que no podemos atravesarla solos, ni a través de una simple decisión personal. No es posible escapar por nuestra cuenta y riesgo mientras los demás son alcanzados por el desplome. La situación exige una reacción colectiva y organizada, no creer en los discursos oficiales y no dejar en manos de ningún representante, del tipo que sea, nuestras perspectivas de futuro. El Crash Course de Chris Martenson, una buena herramienta que actúa a gran escala, realiza un lúcido aunque tedioso diagnóstico de la situación, pero no resulta tan lúcido a la hora de plantear soluciones, ya que parte de una conciencia individualista del problema y de sus posibles alternativas. Este planteamiento solo puede abocarnos a un escenario de caos. Y creo que estamos perdiendo un tiempo precioso.

P
. Resultas enternecedor cuando te pones tan serio...

R
. Gracias loca. La filosofía es lo que tiene: no te da de comer, pero te hace mucho más atractivo.

P
. ¿Quieres otra cerveza?

R
. Mejor nos ligamos un litro y seguimos en casa...

[Gracias a Kalvellido por el "dibúo"]

8/22/2009

No perderemos nada

No era el principio.



Tampoco éste debió ser el final.



Haz una cosa. Carga los dos videos a la vez y comprobarás que no hay victorias ni derrotas que tengan que ver con poder o no poder.
Nos gusta mirar muy lejos en el pasado para buscar nuestros mitos y referentes. Est*s chic*s querían parecerse a los rebeldes de mayo del 68 o a los de octubre del 86, pero se elevaron por encima de sus héroes para crear otros nuevos héroes colectivos, o para volver a hacer andar a los viejos. Durante unos años nos devolvieron la ilusión.
El movimiento antiglobalización, desprestigiado y olvidado hoy, ha sido la manifestación más inteligente, más madura y desarrollada de las revueltas del siglo XX. Muchos compañeros no se lo creen, pero el maldito tiempo pondrá las cosas en su sitio. Dentro de cien años habrá vida en la tierra, creedme.
Ciertamente se disolvió sin obtener grandes logros, al menos inmediatos. Se enfrentaba a dificultades desconocidas. A un enemigo gigante con muchas caras. A su propia diversidad. A formas de represión increíblemente malévolas y resolutivas. No surgió de la nada, sino de una red de contrainformación y de generación de alternativas de comunicación. De veinte años de movimiento de okupación. Por eso era tan poderoso ideológicamente. Se alimentaba de sí mismo, sin deber nada a la realidad oficial, y era capaz de movilizar el ánimo y de crear vínculos indisolubles en la lucha.
Fue la mosca cojonera de las reuniones del G-8 y llegó a darles mucho miedo. Era una corriente masiva de chicas guapas y tios con ese brillo en los ojos. Casi todos ellos habían leído a Marx, a Debord, a Negri, y discutían a veces encendidamente sus prácticas. La violencia desatada alcanzó tal magnitud que consiguieron aislar, separar, aterrorizar, criminalizar a todos esos jóvenes que todavía no habían aprendido a odiar realmente, y que iban a recibir una clase magistral.
Después de Génova el movimiento estaba seriamente dividido. Se hablaba de infiltraciones. En aquellos días todo el mundo estaba infiltrado hasta el tuétano. Cuando cayeron las Torres Gemelas desataron una ola de criminalización que acabó con cualquier resistencia organizada. El colectivo en el que participábamos se disolvió en medio de discusiones muy duras, en el peor momento para sacar a relucir las diferencias. Los vientos de la historia nos arrastraban.
Habrán nuevas revueltas. Los controladores ya están estudiando nuevas formas de represión.

Espectros de Müntzer al amanecer
Un texto para entender lo que ocurrió y lo que pueda ocurrir.

8/20/2009

Cuerpo perro

No somos nada, loca. Nos enfrentamos al mundo cruel sin corazas, sin cuernos, sin garras ni dientes. Y casi ya sin defensas. Una simple gripe nos manda al infierno. A veces nos sorprendemos pensando cómo hemos llegado hasta aquí, cuántos se fueron. Cómo podemos llegar a viejos en medio de tantas posibilidades de morir.

Por si fuera poco, los gestores de nuestro destino, los que mandan instrucciones, no cesan de recordárnoslo: somos criaturas de dios, dependemos de nuestros amos. Ellos nos acarician o nos golpean, según seamos de culpables en nuestra inocencia. Nos lanzan trozos de comida y marcan los límites de nuestro entorno-mundo. No tenemos nada asegurado. Tenemos que ganarlo cada día con nuestra obediencia, trabajo y sacrificio. Necesitamos que nos digan cómo tenemos que vivir.

Estamos expuestos al frío y al calor, a impactos y caídas. A millones de agentes invisibles que penetran nuestro cuerpo y lo manchan del antiguo pecado. La enfermedad es una maldición, ¿y quién no está un poco maldito? ¿quién no estornuda, quién no tiene una verruga o un grano? El disgusto nos enferma. La infelicidad que hemos creado nos enferma. La falta de autoestima nos enferma. El miedo a enfermar nos enferma.

Necesitamos medicinas como antes necesitábamos la absolución y los diez mandamientos. Necesitamos nuevas medicinas para combatir los males que provocan las medicinas. El cuidado de los otros, el cariño y el violento amor son peligrosos. Sus enfermedades nos enferman, nos contagian sus excesos y debilidades. Sus cuerpos son recipientes constantemente agitados de pedos, mocos y excrecencias. Ecosistemas ajenos de especies monstruosas e invisibles.

Necesitamos dignidad para andar a dos patas, pero nuestro cuerpo carece de dignidad. Y la dignidad de los cuerpos bellos es una flor venenosa que hay que tocar con guantes. Si hubiese un estado natural sería el de querer vivir a toda cosa, fluir simbióticamente en el líquido vital devorándonos unos a otros, abriéndonos paso sin discernir el hueso de la carne, procreando sin límite. Pero la naturaleza humana está infectada de cultura. Hemos desarrollado soluciones a medida que desencadenan problemas más amplios. Hemos construído un fortín defensivo que nos aísla de nuestro entorno y nos impide vivir de acuerdo con él. Hemos roto el pacto con la naturaleza y hemos sido expulsados del paraíso de la salud salvaje.

En el origen de la civilización moderna está también el origen de las grandes pandemias y de la gestión de la salud a gran escala. Las grandes concentraciones urbanas se convirtieron rápidamente en focos abonados para las diecisiete plagas. La gestión científica de la salud, el poder sobre la vida y la muerte de la población configuró una forma nueva de dominación, un recurso para imponer normas de conducta, infundir miedos en la gente, controlar la demografía en función de los intereses productivos.

El poder en el estado capitalista se alió con la ciencia, de la misma forma que el poder feudal se sostuvo gracias a su alianza con la religión. Desarrolló la clase científica, la autoridad médica, una casta privilegiada que expendía milagros por receta a cambio de un porcentaje del PIB. Las batas blancas ocuparon el lugar de los viejos hechiceros, de los sanadores adscritos orgánicamente a la comunidad, que extraían su saber de la experiencia y basaban su práctica en la confianza de sus convecinos. Todos ellos sucumbieron a esta nueva Santa Inquisición.

Se impuso una gestión burocrática de la salud, basada en la estadística y en la intervención externa: el cuerpo era una vasija de miserias que había que disciplinar y corregir constantemente. Descubrieron un enemigo a su medida: el virus. A la medida de la mercancía y de su desarrollo multiplicado. La rapidez de las comunicaciones terrestres y los flujos migratorios nos convirtieron a todos en terroristas suicidas. Los virus se hicieron mestizos y dejaron de discernir entre cerdos y humanos.

Se impuso así la Santa Doctrina del Higienismo, auténtica cruzada armada contra la miseria humana, contra lo pobre, lo cutre, lo salvaje, lo usado. Aquí también se impuso la muerte sobre la vida, el exterminio sobre la razón comprensiva, la fumigación del extraño, el debilitamiento de lo propio. A las maldiciones naturales que antes fortalecían el cuerpo se añadieron las iatrogénicas, aquellas enfermedades producidas por su tratamiento invasivo. Hubo auténticas plagas iatrogénicas, pero siempre había un virus de aspecto lo bastante repugnante como para cargar con la culpa. Los mecanismos propios de defensa del ser humano sufrieron un colapso. Dejaron de seguir su programa y se lanzaron contra el propio cuerpo, abotargado de química ortopédica. A las maldiciones naturales y a las iatrogénicas se unieron las inmunológicas, producto de una gran confusión.

Comemos mierda envasada, higienizada y vitaminada, respiramos dolor a cada paso, somos violentamente sacudidos por un mundo en constante estado de emergencia, experimentan con nosotros, nos infunden terrores virtuales, pero la culpa siempre es del virus y de la miseria humana. Sólo ellos tienen la solución. La solución siempre renovada para la maldición que siempre se renueva. La solución se llama vacuna, y no se vende de una en una. La vacuna es la mercancía perfecta. Se difunde casi a la misma velocidad que las plagas, en lotes compactos de consumo obligatorio. Ha de renovarse constantemente, a cada nueva mutación del virus producida por ella misma. Envilece a la especie, haciéndola cada vez más dependiente y necesitada de un estado clínico que vele por ella. Si el negocio decae, siempre puede crearse un nuevo virus, sintético o mediático, para el que previamente la industria ha inventado una vacuna.

Gracias al virus, la clase médica en alianza con la clase política conquistó un prestigio y un poder creciente. Bastaba con lanzar una amenaza para captar enormes flujos de capital. La gente lloraba en su hombro, se manifestaba pidiendo más dinero para ellos. El estado clínico se impuso por todas partes. Las farmacéuticas han conquistado así un poder enorme, influyendo en los gobiernos, desarrollando nuevas formas de destrucción que afianzan su futuro, financiando campañas de terror por todo el mundo mientras siguen captando fondos para su labor humanitaria.


8/09/2009

No mola

No disfrutábamos en el paro ni disfrutábamos trabajando. Y sabíamos, no obstante, que aquel tiempo que perdíamos y matábamos era el mejor de nuestra vida.


¿Utopías estéticas? ¿Rock combativo? Yo creía sinceramente que el punk había acabado con todo eso. Y que la partida tendría que jugarse ahora en algún otro tablero.

7/24/2009

La abstención (última y definitiva crónica política)

Hacer política es una tarea necesaria para la ciudadanía, pero desagradable e incómoda de llevar a cabo en las condiciones presentes. ¿Por qué es tan necesaria y por qué resulta a veces tan desagradecida la práctica política para quien la emprende dentro del marco de lo políticamente correcto, o previsible, o siquiera comprensible desde estas condiciones?
La política se refiere a la gestión de los asuntos públicos que afectan a todos los componentes de una comunidad, la polis. No puede ser dejada en manos de unos pocos representantes, por más que estos acaparen el título de políticos especializados y cobren por ello, y más aún cuando estos pocos, constituidos corporativamente en clase política diferenciada de todas las demás, no comparten ninguna de las inquietudes, ninguno de los miedos e intereses del ciudadano de a pie.
Que la práctica política es absolutamente necesaria para la ciudadanía, si no se quiere dejar los asuntos que a todos nos afectan en manos de depredadores profesionales es algo que han entendido bien, por ejemplo, la Plataforma por la Defensa de los Caminos Públicos de La Veguilla.
Sin embargo, el hecho de ser necesaria no ha bastado para ser suficiente, y la razón estriba en que, en el fondo, la mayoría no deja de percibir la política como lo que lo han dicho que es, o como lo que es de facto, es decir, la pugna por el poder por parte de un par de facciones aparentemente enfrentadas, pero que sirven de hecho a los mismos intereses del Gran Capital y del Poder en la Sombra.
Y esta es la segunda acepción, que es la universalmente aceptada: la política como pugna por el poder y la dominación, como conquista de los títulos y atribuciones que permiten negociar el interés público con las grandes corporaciones, la política como engaño necesario y como traición ineludible, como escenario de la violencia sublimada en discursos y del conflicto soterrado en cada acuerdo que se firma, dejando al ciudadano con la última palabra sin decir. No como escenario de debate y de toma común de decisiones que afectan a todos y deben tener a todos en cuenta, como ocurre por ejemplo en una asamblea de iguales.
Y es también la razón por la que uno se siente siempre tan incómodo a la hora de pronunciarse en política y por la que muchos dejan de pronunciarse. Es difícil denunciar la voraz gestión de los recursos que hacen los cerdos sin que te aplauda una manada de asnos. Y es entonces cuando te preguntas: ¿qué he dicho mal? ¿quién sujeta mi correa y me permite ladrar al viento?
Tu sabes, loca, que la política en este país ha estado básicamente definida por el control férreo de una clase, que ha logrado mantener sus privilegios más allá de la superación de la sociedad clasista, y por la alternancia en el poder de dos marionetas que escenifican con sus pantomimas la vieja leyenda de las derechas y las izquierdas, que todavía remueve muertos en sus tumbas.
Los partidos, enormes burocracias que se disputan los parabienes y azucarillos que les lanzan sus desinteresados benefactores, además de costarnos mucho dinero público empleado básicamente en convencernos y chantajearnos con la amenaza del "otro", han logrado reducir la política al espectáculo de una gran final con sólo dos equipos en juego.
No importa que uno pueda tener opiniones que a veces se salen del tiesto de lo que pudiera ser el equipo que teóricamente se te asigna. O que puedas compartir algunos planteamientos con tu adversario más obvio. No se trata de las cuestiones a debatir, sino del signo de la carga de la que eres portador para que la conexión política funcione.
En consecuencia, muchos de quienes tenían más razones para defender la causa de los caminos de La Veguilla se han resignado a callar para no entrar en batallas políticas que sienten que ni les van ni les vienen. Y muchos de quienes menos interés directo y práctico tienen en su defensa han abrazado esta causa como una maniobra más de desgaste, pero sin implicarse en las acciones prácticas del movimiento.
La adscripción política de los movimientos civiles siempre ha sido una táctica peligrosa.
El reinado del PSOE ha supuesto afirmación del liberalismo y de la cultura del pelotazo, privatizaciones de recursos públicos, intervencionismo en los medios y en la instancia judicial, represión y guerra sucia, tráfico de influencias. El reinado del PP ha supuesto afirmación del liberalismo y de la cultura del pelotazo, privatizaciones de recursos públicos, intervencionismo en los medios y en la instancia judicial, represión y guerra sucia, tráfico de influencias.
Yo veo lejos las claves de una regeneración política necesaria, pero sí veo claro que pasa por un replanteamiento radical de lo que hoy entendemos por sistema de la política, es decir, del montaje de estos dos para escenificar un falso conflicto y explotar las ganancias que genera. La regeneración de la política pasaría entonces por la intervención ciudadana lejos y al margen de los signos políticos heredados.
Porque hay otra cosa que está quedando muy clara: el poli bueno y el poli malo son el mismo poli. El PSOE y el PP son la misma mierda.
Y la gente no es tonta. Por eso siempre gana la abstención.

6/17/2009

2011, Odisea Económica



Uf, menos mal que lo peor de la crisis ha pasado. El miedo a la catástrofe, las parrafadas desbrujuladas de tanto entendido, la presión mediática, el torrente de datos negativos. Los brotes verdes ya germinan, los mercados remontan, los datos se contienen, vuelve a ganar la banca. Sí, loca, la pobre banca que tanto creció a costa de la burbuja crediticia, es decir de la deuda de empresas y particulares, la pobre banca que nos escandalizó a todos con su crisis cuando tuvo que reducir estos beneficios, y a la que hubo que ayudar para que nunca entrase en pérdidas, remonta el vuelo en este segundo semestre y vuelve a aumentar sus beneficios. Invítate a algo, loca, que lo quiero celebrar. Lo peor de la crisis ha pasado, vamos a tomar aliento en el descansillo veraniego que ya bajaremos más en octubre. La gente, viendo que todavía no tocaba la debacle, ha vuelto a sacar el dinero de los colchones. Hay que coger los ajos como todos los años. Las generosas aportaciones de dinero público al sector privado han conseguido reflotar las burbujas. Vuelven a pagarse cifras record por jugadores de fútbol que pierden campeonatos, pero venden camisetas. Lo ha dicho el señor Rodríguez: menos mal que lo peor de la crisis ya ha pasado, para ellos. Para nosotros, empieza lo jodido: darnos cuenta de lo que nos ha costado y comprobar que no ha servido para nada. Ahora empieza lo bueno de la recesión.
El señor Rodríguez es presidente de un país hispano de poca relevancia que ha conseguido cierta atención en los foros internacionales gracias a la agudeza de sus ocurrencias, como la creación de un "liberalismo libertario" o una "alianza de civilizaciones" donde cupiesen todos los intolerantes. Ya negó la mayor diciendo que no había crisis ante nuestros ojos atónitos, que contemplaban a la bestia rugir tras sus encorsetadas espaldas. Luego dijo que era cosa de fuera, justo cuando nuestra economía-ficción implosionaba y su impacto era mayor que en otros sitios, porque la especulación había sido aquí también más salvaje. Cuando la recesión había llegado fácticamente admitió por fin que ahora sí había crisis, cuestión de apreciación, y que saldríamos de ella en marzo, en mayo, y por fin, según anuncia la ministra Salgado, en 2011.
Como hay que preparar un chivo expiatorio, el BCE y el de España anuncian dificultades para salir de la crisis debido a la cobertura del desempleo. Los parados son los culpables, o sea. Todos conocemos el origen de esta crisis, ha quedado demostrado que no hacía falta ser un lince en economía para entender lo que está pasando, todos sabemos quién nos ha metido en esto. Pero los culpables de que no salgamos fácilmente van a ser... los parados. Preparemos un programa de exterminio. Devolvamos a sus países a todos esos inmigrantes que se trajeron para construir sus casas, por que ya....
A la vista de la hondura de la depresión, 2011 no nos parece siquiera mal plazo para salir de ella. O para ganar tiempo. Pero me rasco la cabeza para conjugar el optimismo que anuncia la salida de "lo peor" con la perspectiva de un tránsito tan largo por el desierto. 2011 viene después de 2010, y 2010, según todas las estimaciones, es un agujero negro donde no se sabe qué puede pasar, donde la incertidumbre no invita a la esperanza. Mis fuentes hablan de un periodo más largo, o más bien de un período incierto, pues no se cierra hasta 2015, y sabemos que las previsiones a tan largo plazo carecen de validez en las actuales circunstancias. Además, vienen acompañadas de serias transformaciones en el sistema productivo, e incluso a un nivel más profundo en nuestros valores, que todavía no se han emprendido.
Hoy hemos sabido que el señor Pérez, un benefactor, no tendrá que empezar a pagar el crédito asumido por la compra del señor Ronaldo y del señor Kaka hasta 2011. Eso explica algunas cosas en medio de la que está cayendo. Y me ha hecho acordarme de que el señor Santamaría, otro benefactor, tampoco tendrá que responder de su milmillonaria deuda (de euros) con el señor Botín, que es otro bienhechor y no tiene la culpa de que los parados sean unos mantas, hasta ese mismo año. Se ve claro lo que están haciendo, cómo disfrazan su caída y postergan lo más duro. Como el Madrid no gane la copadeuropa, se nos van a caer las bragas a todos.

2/06/2009

Si Goya levantase la cabeza (os haría un cuadro)

Como viene siendo habitual, los profesionales del cine han vuelto a deleitar a los humanos de a pie, los que no tienen más que su carne y sus huesos y ningún aura, con su innecesaria presencia pública en la gala anual de los Goya. Y, como es preceptivo en este tipo de eventos decadentes, han vuelto a vestir de purpurina la alfombra roja, a lucir palmito y agraciado perfil, además de modelo exclusivo de diseñador en boga, a mostrarnos lo guapos y alegres que son, sus felices ocurrencias, lo bien que se lo pasan mientras trabajan mientras los demás trabajamos y lo pasamos mal.

Si existe en este país un gremio corporativo, elitista, parasitario y trepa, al margen de los políticos, que lo son por las propias condiciones de su labor, posiblemente sea el de los profesionales del cine. Y quizá se deba ello también a las condiciones de su labor. Al fin y al cabo ellos no ignoran la dimensión política de la misma, dado que son los encargados de proporcionar a la sociedad representaciones ideales, de nutrir el imaginario público con figuras de reconocimiento. Si los políticos encarnan ese engendro, contradictorio en sus propios términos, que es la democracia representativa, los actores son la sustancia onírica de la representación (supuestamente) democrática, de un arte que fue el espectáculo por antonomasia del siglo XX, concebido para las masas, para el disfrute colectivo y el adoctrinamiento social.

El mantenimiento de un orden jerárquico, allí donde éste no puede ya deducirse de ningún poder trascendente ni de ninguna estructura definida de antemano, requiere un dominio efectivo y constructivo de las representaciones cambiantes a través de las que los individuos de una comunidad se reconocen y se relacionan. La concentración de medios técnicos de difusión de imágenes a nivel masivo y la práctica del montaje permitían plantearse este objetivo mediante el establecimiento de un flujo unilateral de información y novedades que reducía al individuo a la condición de espectador mudo de acontecimientos parciales y que expresaba en su propia estructura la del orden social y cultural que se trataba de imponer.

No hace falta invocar la aplicación originaria del cine a propósitos de propaganda, lo que dió lugar a todo un género bélico que después se ha desplazado abstractamente hacia la denuncia. Un estudio de los productos cinematográficos contemporáneos sería revelador de las estructuras mentales que impone el capitalismo global o capitalismo en red. Es cierto que el abaratamiento de las tecnologías y el uso de cámaras domésticas han aportado derivas interesantes al cine que escapan a la dinámica espectacular. Pero precisamente hoy el cine está concebido como una gran industria que exige grandes producciones, una gran concentración de capital, de medios y de esfuerzo. Resulta difícil decir algo interesante cuando se maneja tanto dinero.

Y ellas, con el escote al viento de febrero o el patético modelito que ha de dar que hablar; y ellos, con el meditado descuido de una barba de tres días (que hay que planificar tres días antes), no sienten ningún empacho en poner esta dimensión política en primer plano a la mínima oportunidad, erigiéndose en portavoces de los mitos, los deseos, las esperanzas del “pueblo” al que sirven y entretienen. Como cada vez que firman un manifiesto, al que todos se adhieren antes de leerlo para salir en los papeles. O como cuando Almodóvar denuncia un golpe de estado y luego mete la cabeza donde antes había metido la pata. O como cuando, esa vez sí, rompieron la necia ceremonia para lanzar un clamor que estaba en boca de todos.

Esa vez sí, loca, por una vez y siempre que quieran. Porque la ceremonia siempre será necia, aburrida y pretenciosa. Porque la situación era excepcional, porque no estaba preparada de antemano y porque merece siempre la pena romper todas las ceremonias para decir “no a la guerra”, una tras otra, hasta acabar con las guerras o con las ceremonias. Este año también la hubiese merecido, porque la guerra se ha recrudecido; y el año que viene habrá más guerras, así que vayamos preparando las próximas ceremonias.

Este año, como el anterior y posiblemente el próximo, la Academia del Cine ha perdido una espléndida ocasión de significarse denunciando la masacre de palestinos, la espiral mundial del terror o los olvidados conflictos subsaharianos, cuando no la penosa situación de las familias ahogadas por la crisis muy cerca de ellos. A veces hacen esto algunas películas, siempre de forma más o menos sesgada, y eso es algo que se admite de buena gana como inevitable, pero esto es un hecho que escapa al boato, que está más allá del glamour y el buen rollito, que es el que más entradas vende, de la gente del cine.

Este año, han preferido hablar de su crisis, como si fuese algo que sólo les afecta a ellos, o como si la crisis del cine, que no es un fenómeno nuevo ni ilógico, sino producto de la evolución tecnológica que se lleva gremios por delante (y que en todo caso no es absoluto, pues este año se ha batido el record de producción pese al desplome general de otras industrias), fuese más preocupante para un país que la fila interminable de parados protagonistas de Los lunes al sol. Dicen que las palomitas y los refrescos reportan más beneficios que la taquilla: me pregunto quién se tomará las palomitas y los refrescos. Dicen que las subvenciones son exiguas, lo que no permite afrontar grandes superproducciones ni genera una gran industria: pero es que esas subvenciones públicas absolutamente sorprendentes, que ningún otro industrial recibe y de las que no tienen que responder, se dan precisamente para que los valores culturales no sean enteramente dependientes de la gran industria. Si lo que quieres es montar una industria que produzca engendros como Santiago Segura, afróntalo por tí mismo, y si no, dedícate a las palomitas. Dicen que las descargas P2P les hacen mucho daño, que pierden no sé cuántos miles de millones de euros cada vez que miramos una película para ver si nos interesa ir a verla a las salas, pero con tales discursos atentan contra quienes les siguen y contra sí mismos. Las películas líderes en descargas son también líderes en taquilla. La gente que se descarga es la que suele acudir a las salas, y las descargas les permiten tener un mayor alcance social y no depender de las superproducciones, ¡qué castigo!

En todo caso, su crisis no se notó en la ceremonia. Estaban allí todos los que tienen trabajo y un producto en el mercado, los que se hallan en la cima de su carrera, aquellos de los que no se deja de hablar. El modelo exclusivo que exhibían, ¿es un privilegio o un servicio más a las fantasías de la comunidad? ¿No son seres ideales? ¿No los admiramos por ser guapos y felices, por tener vidas perfectas donde ni siquiera cabe el remordimiento? ¿No han recibido un goya como una olla? No entiendo sus quejas de palacio. Nos restriegan en la cara nuestra miserable vida y siguen pidiendo.

1/23/2009

Obama Superstar ó ¿Quién demonios es Barak Obama?

Todo el mundo habla del cuadragésimocuarto presidente de los Estados Unidos de América. Todo el mundo espera mucho de él, excepto los que ya no esperan. En medio de la debacle, ha llegado el bueno de la película. Pataleo histérico e histórico en el patio de butacas. Los medios han encontrado al personaje capaz de reactivar las audiencias, y han reconstruído la esperanza sin la cual nadie se apuntaría al próximo capítulo. El capítulo cuarentaycuatro. Un presidente cuya efigie ya es historia del arte pop, como la del Ché Guevara, convertido en leyenda antes de empezar a existir, como las promesas asesinadas. Ahora bien, ¿existe Barak Obama? ¿Estamos seguros de que no es un personaje de algún telefilme, una imagen animada al estilo de Mickey Mouse, con quien comparte el color y las orejas, o un Luther Blissett de las altas esferas, un hombre de paja para vender el producto, la tendencia, las nuevas consignas?

Sin duda, existe un ser humano que interpreta a Obama, pero ¿es Obama un ser humano? Y de serlo, ¿no habría sido ya destruído por toda la expectación, abducido en los círculos concéntricos del espectáculo? ¿No estaría ya agotado de ganar batallas antes de empezar a trabajar? ¿No habría ardido ya en medio de la euforia y la celebración, no estaría ya pervertido? Si de algo nos convencieron Clinton y Bush con sus errores fue de que eran humanos. Demasiado humanos. Algo que ningún presidente del mundo que se precie se puede permitir.

Sobrehumano o inhumano, Obama no se sale en cambio del guión. Un guión que quiere presentar ahora un giro inesperado, pero que era previsible. Tras la pérdida relativa de su poderío económico, que ya le disputan discretamente otras potencias, tras el fracaso y los desastres acumulados por los intentos de paliar esa pérdida mediante demostraciones terroristas de fuerza, tocaba ahora cambiar de estrategia: llama al poli bueno, presenta un rostro amable, hazte perdonar e incluso exaltar, recupera el papel del estado, da confianza a la gente para que arrime el hombro y levante esto. Ya sabemos quién manda, ahora negociemos, y si no volverán los oscuros halcones.

Es demócrata, ¿y qué? Ya hubo otros demócratas. Es necesario que todo cambie para que siga igual. El poder tiene dos piernas, y necesita las dos para no quedarse atascado. Bombardearán un poco menos allí que allá, seguirán imponiendo su criterio un poco más allá que allí, tomarán algunas medidas de control estatal para salvar al mercado, y si lo consiguen, que no va a ser, volverán a ceder a éste el descontrol: lo están deseando.

Es negro, ¿y qué? Yo no lo veo tan negro. Más negro era Colin Powell, el embustero oficial de la administración Bush, el justificador del ataque a Irak con armas de destrucción masiva basándose en la falacia de que el enemigo las poseía. ¿Y no era todo lo negra que se puede ser, negra como el futuro Condolezza Rice, guante de seda para la garra de acero? No veo el problema en que sea negro o blanca, guapo o fea. Ni tampoco la solución.

Es joven, ¿y qué? Todos somos hoy jóvenes y estamos libres de experiencia y de prejuicios. Por mí, como si quiere ser punki o hacer botellón en los jardines de la Casa Blanca. Además, si nos atenemos a la tendencia de los tiempos, ni siquiera es mujer, sino un individuo de género masculino, ¿y? Se llama además Husein, como Sadam, y Obama, casi como bin Laden, ¿y?

Una buena marca y una buena campaña. Ningún pronunciamiento antes de entrar en escena. Hay que hacerse el Esperado, aunque éste sea Godot, alguien sin entidad ni proyecto, sin una opinión decisiva. Hay que hacer visible el contraste para dar credibilidad al cambio. Por eso, antes de que Obama asuma la dirección se cometen todas las atrocidades, luego paran y aplauden el discurso de juramento. Una serie de medidas fulminantes e inevitables, como el cierre de Guantánamo, durante largo tiempo preparadas, proyectadas hacia la galería en los primeros días de mandato. Sobre la crisis confiesa que ni idea. 800.000 millones de dólares en su mayor parte destinados a salvar los bancos, el sector del automóvil, seguros y financiero. Un equipo asesor procedente al completo de las anteriores administraciones de Bush y Clinton, que ha liderado durante estos años el camino hacia el desastre. Ni una palabra sobre los conflictos mundiales en curso. Da la impresión de que Obama no tuviese mucho nuevo que ofrecer en ninguno de estos campos, salvo esperanza.

Y eso ya lo ha ofrecido en la campaña: ha reunido corazones, ha sido el corazón de la fiesta, ha funcionado como un revulsivo para la mortecina escena política y ha abierto una prórroga para el Gran Capital. Buena suerte. Porque ha pasado el tiempo de las promesas, de los discursos brillantes concebidos para ganar adeptos, los tiempos de Lincoln el abolicionista han pasado, los tiempos del grandfather Roosevelt han pasado, Martin Luther King y JFK han pasado. La alegre juventud de América ya ha pasado y tiene que enfrentarse ahora a la Decadencia. Habrá que tomar decisiones para seguir sosteniendo su liderazgo, y para ello tendrá que soportar presiones muy complejas. Ahí Obama no será más que el rostro convincenteque ilustrará los cálculos de los tecnócratas, los mismos que le elevaron al poder y gestionarán su imagen.

Barak Obama y su consorte ya han hecho su trabajo. Ahora empieza la gobernabilidad. Mañana será el desencanto. Porque Obama, quienes hablan a través de él y saben calcular el impacto emocional de sus discursos, no ha anunciado nada nuevo bajo el sol. El péndulo se mueve eternamente si no rompes el reloj, y no produce más que tiempo. Obama, lo sabemos porque nos lo están contando antes de empezar, es la cuadragésimocuarta mentira con la que pretenden salvar el tenderete, la cuadragésimocuarta propuesta de reforma destinada a remendar lo que no tiene remiendo.