12/04/2008

Crónica de un lunes anunciado

Y el lunes fue negro, como nadie podía dudar ya que sería. Hubo gran alboroto, pero no sucedió nada que no hubiesen previsto o no hubiésemos ya digerido. El guión estaba escrito desde tiempo atrás, y cada cual se limitó a interpretar su papel pese a que, esta vez, no hubo cámaras. No era un argumento para la cámara, sino para una fría noche sin luna, un lunes. Una noche de esquinas, puertas cerradas y sombras clandestinas. Las muertes anunciadas suceden así, casi sin que nadie se entere. Antes de que ocurran, todo el mundo las recuerda. Cuando ya han sucedido, los lamentos suenan huecos.
Lo que pasó el lunes fue una reproducción de algo que había ocurrido en otro lugar, en otro tiempo. Una escenificación al estilo de los autos sacramentales para rubricar un hecho y producir la catarsis en todo un pueblo, imaginada y trenzada por personas que daban todo por hecho a esas horas. Personas a las que no se puede decir que no, que no han hecho su carrera ni amasado su inmensa deuda contando con el no de nadie. Señores del ladrillo que caen en picado desde lo alto de sus sueños imposibles, como Martinsa Fadesa, Habitat, Metrovacesa o SACYR, cuyo desastre financiero está a punto de arrastrar consecuencias políticas de largo alcance. Reyal Urbis, con Santamaría a la cabeza, pertenece a la misma promoción, gasta la misma catadura y tiene el mismo futuro: el derrumbe. Cuenta no obstante, por el momento, con la impunidad de un crédito eterno, mira el mapa y pone el dedo en un valle: ya no puedes elegir, has sido elegido.
Acto seguido un alcaldito progre recita, con la mirada perdida, los ingentes beneficios generales que supondría la venta de unos cuantos derechos públicos. Lo dice así, sin maldad y sin ir más allá: he aquí la caja de truenos, ¿y si la abrimos? Resulta que estamos pobres, pero tenemos derechos, y hay gente dispuesta a pagar por ellos. ¡Anda la Virgen, pos no lo habíamos pensao! Renunciando a nuestros derechos podemos pasarle nuestra deuda a ese señor calvo, que debe ser un primo, porque su deuda es mayor que la nuestra, no dispone de activos para cubrirla y aún ofrece donativos. A fin de cuentas, ni siquiera son derechos exclusivos, sino que están a disposición de cualquier turista japonés que no haga fuego en el campo. Y el japonés, ni va a enterarse de que hemos vendido sus derechos.
El proceso ya está en marcha. Se hacen planes, se emprenden proyectos, se realizan cálculos, y aunque enfrenta grandes dificultades, el monstruo ha cobrado vida y nada podrá detenerlo. Crece y se hace más fuerte al calor de la rebelión que origina. De un zarpazo, arrastra un cadáver político. Pero existen todavía enormes dificultades jurídicas, además de un potente movimiento civil en contra, y los concejales de primera línea se oponen firmemente a la operación. El monstruo sabe, no obstante, que la democracia tiene muchos vericuetos, que el poder es una escena cuyos principales personajes controla, y sobre todo sabe que los ideales se compran y se venden, que las personas son volubles, tornadizas, lábiles, que tienen miedo y ambición.
Sólo hay que medir la distribución de fuerzas. De un lado, los señores del ladrillo, los magnates de la banca, los jerarcas del propio partido; del otro, un movimiento social amorfo, excéntrico, sin cohesión y una joven generación de políticos aficionados, sin experiencia ni pericia, y sobre todo sin discurso, apóstoles del talante y del buen rollito, con el ego recién elevado, arrastrando lastimosamente la camisa de once varas en que se han metido. La alcaldesa entrante no cambió de opinión tras estudiar la nueva propuesta que se le planteó, sino que acudió al célebre encuentro entre el lobo y caperucita movida ya por hilos, dispuesta a ceder y pedir perdón por sus locuras de juventud. Es asombroso cómo el mero acceso a un puesto de responsabilidad cambia la mentalidad de las personas. Es como si se hiciesen adultas de un tiro, como si rasgasen el velo de Maya que al resto de los mortales nos impide crecer. De repente son importantes, anteponen nuestro bien general a sus creencias personales, nos mandan callar. ¿Qué os dicen al otro lado del espejo? ¿Con qué os tientan? ¿De qué modo os presionan?
La gente ya piensa en su propio bien cuando vota, o al menos quiere pensarlo. No es preciso aleccionarla, ni dirigirla, y menos contra nuestros propios principios. Es doctrina de la democracia que la suma de los bienes particulares constituye el bien general que se impone, que quienes ocupan los escaños del poder son los representantes, y no los dirigentes, del sector social que ha delegado su voz en ellos. No tienen que imponer ningún bien general, sino saber escuchar y dar curso a las inquietudes que representan, pues el bien general y la verdad no están al alcance de nadie en particular. Por eso, cuando el último hombre, el único concejal socialista que mantiene una postura discrepante dimite en el momento crítico, traiciona a la soberanía popular igual que cuando se deja comprar o se cambia de chaqueta. Conserva, eso sí, la dignidad, mientras denuncia a la política: señores, esto es sí o sí, así que tengo que retirarme. Pero ¿por qué? La gente te ha elegido porque te conoce, sabe que eres un buen tío, quiere que estés ahí en este momento. Confían en tí, y tu dimisión simplemente allana el camino a quienes pretenden llevar a cabo la operación a toda costa. Todos sabemos lo que es la política, ¿tu no lo sabías? Habértelo creído. Haber pensado que eras más que tu, que podías torcer el destino. Haber aprovechado tu oportunidad.
Despejado el terreno político, sólo hay que intervenir en el plano semántico para hacer de la propuesta algo social y jurídicamente aceptable. Hubo varios intentos, ninguno de los cuales parecía cubrir los requisitos, ya que los caminos no se pueden vender ni alquilar, no existe sujeto jurídico con el que negociar ni siquiera su usufructo. Así que el lunes se aprobó una cesión a cambio de un donativo, que tiene a los efectos el mismo alcance que una venta, pero permite sortear los escollos legales gracias al arte de la nomenclatura. ¿Les saldrá bien la jugada? ¿Puede el ayuntamiento ceder los caminos, o cede más bien el derecho de los ciudadanos de cualquier adscripción que hayan de desplazarse por ellos? Y sobre todo ¿puede hacerse un donativo a cambio de algo? Un donativo interesado y condicionado, ¿es un donativo? Finalmente: ¿cómo es que ese “donativo” aparece ya registrado como superávit en las arcas públicas en la misma sesión en que se apueba la cesión de los caminos? ¿Se había realizado ya, antes de su aprobación? ¿Faltaba sólo este requisito?
Tras haber manifestado la vía política su ineficacia, pendiente la vía jurídica de un proceso que puede ser largo, y suceder muchas cosas hasta entonces, la acción popular es el único escollo que la operación ha de salvar. Se ha intentado desprestigiar a este movimiento, llegando en algún caso a la criminalización. Han pretendido aislarlo y marginalizarlo con la famosa teoría de los “cuatro gatos”, que ahora son cuatrocientos y serán cuatromil en las próximas elecciones. Han querido dividirlo, basándose en su heterogeneidad y falta de adscripción política. No obstante, los opuestos al cierre de los caminos de La Veguilla no han dejado de crear problemas, de forzar los sucesivos replanteamientos de la operación, de anticiparse a los hechos con su labor contrainformativa. Muchos, queriendo parecer inocentes, permanecían a la espera, confiando quién sabe en qué. Ya no hay que esperar a nada, ya sólo hay hechos consumados. Ya no hay sospechas, sólo indignación. El movimiento de liberación de los caminos de La Veguilla, la plataforma, sus satélites y simpatizantes no tiene tampoco que renunciar a nada. Ha mostrado su fuerza y hecho valer sus razones. Lo bueno de las muertes anunciadas es que uno llega a ellas ya llorado. Ya no es momento de lamentos, ni de ceder la iniciativa a ningún grupo político, sino de seguir en acción. Ahora, que la realidad nos afirma.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Chapó, me imagino que esto lo leera la alcaldesa, todavia está a tiempo, la piel del oso todavia no está vendida, pero dudo que le quede ni un mas mínimo resquicio de coherencia y dignidad, toma argumento señora alcaldesa y compárelos con los que le dan sus seguidores fieles de su partido. Y ESTOY HASTA LOS ... DE QUE LA POLÍTICA SE HAYA METIDO EN ESO, gracias por tu articulo. Un abrazo.