12/20/2008

Buenas noticias

(Texto montado con informaciones recibidas por correo electrónico y observaciones críticas de Ken Knabb)

12 de noviembre de 2008: una edición especial de The New York Times cubre las ciudades de Estados Unidos anunciando con grandes titulares el fin de la guerra. Muy temprano, los viajeros de cercanías de toda la nación se enteraban gozosos de que, mientras estaban durmiendo, las guerras de Irak y Afganistán habían llegado a su fin, según podía leerse en grandes titulares en una “edición especial” de este periódico.
El periódico, una réplica exacta, pero falsa del New York Times, anunciaba igualmente montones de iniciativas, como el establecimiento de la sanidad pública, la abolición del cabildeo corporativo, la institución de un salario máximo para los directivos y, por supuesto, el fin de la guerra. Incluye secciones de Nacional, Internacional, New York y Economía, así como editoriales, opinión y cierta cantidad de anuncios, como el aviso de retirada de todos los coches que circulan con gasolina. Hay también una columna que describe los logros obtenidos en ocho meses de apoyo y de presión al gobierno progresista, que culminan con el discurso de Obama “Sí, realmente pudimos” (el periódico está fechado el 4 de julio de 2009).
En una elaborada operación planificada durante seis meses, en la que intervinieron cientos de redactores, artistas y activistas, se imprimieron 1.200.000 periódicos en seis imprentas diferentes y se distribuyeron en lugares de difusión predeterminados, donde aguardaban miles de voluntarios para repartirlos en la calle. Entre los organizadores del proyecto, había personas involucradas en un espectro amplio de grupos, como The Yes Men, la Agencia de Contrapublicidad, CODEPINK, United for Peace and Justice, Not An Alternative, May First/People Link, Improv Everywhere, Evil Twin, y Cultures of Resistance.
A pesar de las críticas que puedan hacerse de las ideas de algunas de las historias imaginadas, los perpetradores de este escándalo han dado un buen golpe, un golpe que puede ayudar a difundir algunos motivos saludables que apuntan al cambio social. “¿Es esto cierto? ¡Ójala lo fuese!”, comentaba un lector. “Podría serlo si lo exigimos”.
Los cambios sociales apuntados en algunos de los artículos podrían cumplirse sin romper el orden social existente (en cuyo caso la gente podrá contrastar estos cambios posibles con los resultados, probablemente muy diferentes, de la nueva administración demócrata). “Se trata de mostrar que en este momento hemos de empujar más fuerte que nunca”, declara Berta Suttner, una de las redactoras del periódico. “Tenemos que asegurarnos de que Obama y los demás demócratas hagan aquello por lo que los elegimos. Después de ocho, o quizá veintiocho años de infierno, necesitamos empezar a imaginar el cielo”.
En otros casos, particularmente aquellos que involucran asuntos económicos, no podrían efectuarse en las condiciones actuales, sino que requeriría una transformación fundamental de todo el sistema socioeconómico (en cuyo caso, la gente podría empezar a considerar qué tipo de transformación bastaría y cómo podría llevarse a cabo). “Queríamos experimentar con el aspecto que tendrían los titulares que realmente querríamos leer, y qué sentiríamos al leerlos. Se trata de cosas que serían posibles si tuviésemos altura de miras y actuásemos colectivamente”, señala Steve Lambert, uno de los organizadores del proyecto y editor del periódico.
En todo caso, un primer paso importante consiste en disipar las nubes del hábito y la resignación para que la gente pueda tener la sensación de que las cosas podrían ser diferentes. Esta acción puede contribuir a ello. Beka Economopoulos, otro de los organizadores, apuntaba: “Estas elecciones han sido un referéndum masivo por el cambio. Hay mucha esperanza en el aire, pero también mucha incertidumbre. Es ahora responsabilidad de todos nosotros hacer que estos titulares se hagan realidad.” Y Andy Bichlbaum aclaraba: “Esto no acaba aquí. Hemos dado a Obama un mandato, pero mandato tras mandato tendrá que hacer aquello para lo que lo hemos elegido. Necesitará mucho apoyo, y por supuesto mucha presión”.
Aunque algunas de las “soluciones” particulares sugeridas puedan parecer limitadas, se presentan con tal frescura y sentido del humor que pueden hacer que la gente empiece a cuestionarse cosas supuestamente inevitables y se anime a tomar la iniciativa, en vez de permanecer en posiciones pasivas y defensivas, paralizada por el pánico.
No todos los lectores reaccionaban de manera favorable. “Con lo que no estoy de acuerdo es con la forma en que lo han hecho”, señaló Stuart Carlyle, que recibió un periódico en la estación Grand Central mientras se desplazaba a su trabajo en Wall Street. “Estoy totalmente a favor de la libertad de expresión, pero deberían haber hecho su propio periódico.”
En respuesta a la parodia, New York Times declaraba únicamente: “Lo estamos mirando”. Alex S. Jones, antiguo periodista del Times y una autoridad en la historia de la prensa escrita, observaba: “Yo diría a quien tenga un ejemplar que lo guarde cuidadosamente. Probablemente será una pieza de colección”.
La edición falsa del New York Times puede encontrarse en la siguiente dirección:
http://www.nytimes-se.com
Ken Knabb es titular de la web del Bureau Of Public Secrets
http://www.bopsecrets.org

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